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Sábado, 24 de enero de 2004

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Critica que criticarás

Lunes, 19 de enero de 2004

Me escribe un médico (J.M.R de Caldes de Montbui), para decirme que ha estado en tierras valencianas y ha recortado un artículo de un periódico donde publican una crítica buena de nuestro programa (¡sorpresa!). Quiere que lo sepa y no sabe cuánto se lo agradezco. Desde hace tiempo, asistimos a una creciente mala folla en los medios escritos de Cataluña, cuando se trata de valorar nuestro trabajo. Quizás me lo parece a mi pero ya no hay palabras bonitas y muy pocas de respetuosas. El momento nefasto que atraviesa la televisión, parece ser el objetivo idóneo para dispararle toda la artillería. Y si te coge en medio , mala suerte.

Hay unas veinte o treinta personas (escritores amargados, pensadores en excedencia, guardianes del fuego sagrado de la patria, periodistas que quieren ser humoristas o programadores de tele y gente así) dedicadas a filosofar sobre nuestro trabajo (y el de otros programas). ¡Y les pagan! Amparados en el "yo puedo decir lo que pienso", no se dan cuenta que disparan su frustración. Curiosamente, cuanto más tiempo llevamos, más se endurecen sus críticas. Como si una ley superior, obligara a los "opinadores" a buscar y rebuscar en nuestros trabajos, con el objetivo de ponernos en evidencia, enseñarnos las vergüenzas o qué sé yo.

A veces son análisis parciales, tendenciosos y si me lo permitís, un poco ridículos. A otros se les ve menos el plumero y queda bien claro el grupo de comunicación al que pertenece. Hay un último apartado donde encontramos los "yo lo cuestiono todo y así parece que pienso mucho y que tengo un bagaje de cojones". Son a quienes no les gusta nada y mucho menos la tele. ¿Queréis decir que hace falta darle tantas vueltas al humor?. ¿No es un poco infantil pensar que si eres de Tv3, tienes carné de Convergencia?. ¿De donde sale la postura, "caña a la pública catalana, haga lo que haga"? Me parece una falta de respeto a los más de 2.000 trabajadores que, ya os lo digo yo, son de los más variados signos políticos. De hecho, el país ha cambiado de gobernantes y yo pienso ir cada semana a la tele, hasta que no me digan lo contrario.

El humor se hace para reír y cuando pasa esto no es necesario escribir una tesina, ni reinterpretar, ni leer entre líneas lo que no se ha dicho. Bueno, si que se puede hacer, pero hay mejores maneras de perder el tiempo. La vida ya es suficientemente rebuscada. El entretenimiento, como su nombre indica, sirve para entretener. Y punto.

Cada grupo humorístico tiene un estilo. Nosotros tenemos el nuestro y no escondemos nada. Hacemos lo que buenamente sabemos y hemos aprendido con la experiencia. Esto lleva tanto trabajo -ya son más de veinte años- que no podemos pensar en otras tonterías, se lo crean o no los auto investidos enemigos. Nuestro trabajo es superarnos cada día para estar a la altura de un público inteligente, a favor y cariñoso.

Este clima que he descrito contrasta con los elogios y fidelidades que descubrimos fuera de Cataluña entre la profesión. Yo soy el primer sorprendido. En el último viaje a Madrid (al Plus), volví pensando "ostia, quizás sí que lo hacemos un poco bien, ¿no?". Lo que nunca entenderé, es por qué aquí, en casa, siempre estamos economizando la satisfacción o el simple "vale, tíos, me lo paso bien”, y ya está. Por suerte, esta ingratitud solo vive en hábitats muy concretos. Redacciones con mucha humedad, cerebros que no evolucionan y vidas estancadas. La gente normal y corriente, la de la calle, está encantada de la vida y nos lo hace saber. A la gente que le gusta, claro. El resto, se mira otro programa y se acabó el problema. No somos tan burros para pensar que gustamos a todo el mundo. Es imposible.

Una vez le preguntaron a Josep Pla con qué adjetivo definiría a los catalanes. "Envidiosos", sentenció. No seré yo quién lleve la contraria al genio de Llofriu.

Pronóstico: estas líneas sinceras, escritas un lunes y pensadas durante mucho tiempo, serán mal interpretadas por los sujetos anteriormente descritos. Ya lo veréis.

Fresita

Lunes, 12 de enero de 2004

Recuerdo que cuando un servidor iba a Salou, Fresita no había nacido. Es más, si hubiese nacido una noche de aquellas en las que nos lo bebíamos todo, seguro que la hubiéramos oído llorar. Mira que he visto llorar a gente, pero nunca como esta chica (¡de 31 años!). Fresita ha conseguido que llorar sea una manera más de comunicación. Llora cuando está contenta, cuan está triste y cuando es, solamente, "ella misma". Un estado que, ahora mismo, me costaría definir. "¿Tú no eres boba, no?", le preguntó ayer la Milà. Pero como estaba de morros, le contestó que "ahora no tengo ganas de hablar de mí". Una buena respuesta, en boca de otro.

O sea. Los Hermanos ya llevan cinco ediciones y los síntomas de desgaste empiezan a asomar la cabeza. Quizás para rematarlo, ahora se ve que quieren encerrar a famosos. Yo los encerraría a todos. Famosos, famosillos y manillares de bicicleta. Haría una "casa a la sierra" que ocuparía toda la "sierra" entera. ¡Será por terrenos! Y no ciento veinte días, no. Toda la vida.

Prueba superada

Miércoles, 7 de enero de 2004

Podemos afirmar que hemos superado las fiestas navideñas. Pues digámoslo: "HEMOS SUPERADO LAS FIESTAS NAVIDEÑAS". Muy bien. Las cosas han ido más o menos tal y como preveíamos. Hemos comido cuando no teníamos ganas, hemos vuelto a beber cómo la lotería siempre les toca a los otros, hemos comprado regalos cuando ya lo tenemos todo y hemos recibido mensajes de felicitación de personas que no conocemos. Como ahora todo el mundo se felicita a través del SMS... Tengo más amigos de lo que pensaba, eso sí. El mejor SMS de Navidades me lo envía Quimi Portet : "Tengo una duda lechera". Puesto que no tenía demasiado trabajo, no he parado de darle vueltas al aforismo empordanés. De hecho, todavía ahora le doy vueltas. ¿Qué debe querer decir?

Las Navidades también han servido para despedir Parada de "Cine de barrio" (seguro que acaba en Canal 9), para reencontrarnos con Millán hablando castellano en "7 vidas", para descubrir el niño gordito que hace de Manolito Gafotas y, personalmente, para dormir. He dormido mucho. Dormía tanto que cuando me despertaba pensaba que estaba soñando y no descarto que así fuera. He leído "La sombra del viento" de Carlos Ruíz Zafón. Genial.

Ahora, el retorno a la actividad habitual, que no será fácil. ¿Y si hago todo un programa durmiendo en medio del plató? Seguro que no se ha hecho nunca.

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Domingo, 21 de diciembre de 2003

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