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Lunes, 1 de diciembre de 2003

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Primero de diciembre

Lunes, 1 de diciembre de 2003

Lo mejor es ir a la playa en invierno. Hay poca gente, o sea que no parece una playa. En invierno no hay socorrismo propiamente dicho, así que, ya estás avisado, si tienes algún problema . Aún así, veo un padre y un hijo bañándose en medio de un mar bravo. ¡Como han cambiado las relaciones entre padres e hijos!

Teniendo en cuenta que me pica un sol agradecido y calentito en la cara, me relajo y pienso. Pienso cosas. ¿Por qué se encaparra el gobierno español en enviar soldados y más soldados en Iraq? ¿Qué se nos ha perdido allí? Si fuésemos más razonables y pacíficos, no hsería necesario lamentar ninguna pérdida. Ha pasado mi santo y casi ni me he dado cuenta. Ya no se celebran los santos, ¿no?
Estos días, las personas con conocimiento, denuncian la falta de ayuda de los millones de víctimas del Sida en el continente africano. Da vergüenza oír los datos de la tragedia y contemplarnos, a nosotros mismos, mirando hacia otro lado. ¿Como podemos ser capaces? Debemos EXIGIR un acceso inmediato de los enfermos a las medicinas necesarias. Pero, ya.

Me informen que una reproducción de cerámica de un servidor en forma de caganer, ya está la venta en la Feria de Santa Llúcia. Mira que he visto de todo, pero no me acostumbro. El precio de un "Andreu" cagando es de 12 euros. ¿Se pueden pedir derechos de autor por defecar? Bien, pues, aprovecharé la metáfora navideña del “caganer” para hacer mis necesidades sobre los intransigentes, los insolidarios y los fachas. Mira, me ha salido así.

El gilipollismo

Lunes, 24 de noviembre de 2003

Hoy me han felicitado por mi santo. Miro el calendario: Santas Flora y María. Saldo de comer y me para un chico muy educado: "Estoy estudiando para ingeniero técnico y estaría dispuesto a trabajar contigo. Tengo todos los carnés. También podría cargar o descargar". Le agradezco e informo que hacemos humor, ni casas ni puentes y que tampoco transportamos nada excepto nuestros propios cuerpos. Pongo la radio. Hay mucha gente que dice muchas tonterías, opinando sobre la situación post-electoral en Cataluña. Pero muchas, ¡eh!

Ha muerto Copito de Nieve. Las máximas autoridades de la ciudad comparecen para comunicar el pésame. Pienso que deberíamos plantearnos si se li debe dar la Creu de Sant Jordi. O otro tipo de condecoración que nos podríamos inventar en un momento.

Una vez en la tele, me convocan para gravar una pieza para fin de año y me encuentro al Gilipollas. De repente, lo veo todo claro. Él está detrás de todo. ¿Y si él es como el malo de Austin Powers y quiere conquistar la tierra?

Nota: ya han encendido las luces de Navidad. El Gilipollas dice que mañana se pronunciará en el programa. Ya tiemblo. El gilipollismo se extiende. Yo, aviso.

Felicidad, vergüenza y elecciones

Miércoles, 19 de noviembre de 2003

Vengo del programa. Son la dos y media de la madrugada. Creo que hemos hecho un programazo. Buen guión, buenos actores, buena música, buen público... He felicitado a todo el equipo y así lo he dicho durante "la venda". Soy un privilegiado. Hacemos lo que queremos y atravesamos una auténtica historia de amor con el público. Lo noto. No reconocerlo es ser un amargado y ya que este trabajo lleva la presión que lleva, será bueno que nos felicitemos cuando las cosas van bien (si esperamos a que lo hagan otros...). No sé la audiencia y, francamente, no me importa.

Y, mientras, ¿qué pasa en el mundo? Pues que los de las revistas del corazón me han pillado por la calle y lo han publicado. Fotos robadas, lo llaman ellos. Que asco de oficio y de gremio. Un negocio basado en machacar la intimidad de los otros. Acojonante. Y no vayas a buscar nada a los tribunales, porque la has cagado. La ley ampara a los periodistas de la carroña que llenándose la boca con la libertad de prensa, continuarán adelante por encima de la dignidad de quien haga falta.

Elecciones. Lo hemos dicho en el programa. Ya se ha consolidado la positivación del fracaso. Nadie pierde, todos ganan. Siempre hay un modo, aunque sea surrealista, de justificar una ostia. ¿Queréis decir que se creen lo que dicen? Los políticos, durante la noche electoral, parecen actores de culebrón siguiendo el papel que les han escrito, olvidándose que los mismos que les han votado los están viendo por la tele. El ridículo debería pagar impuestos. Con una noche, tendríamos suficiente para todo el año.

Rollo político

Miércoles, 12 de noviembre de 2003

Las elecciones se acercan y cada vez estamos más confundidos (las campañas pretenden el contrario, ¿no?). Escucho a Josep Martí Gómez en la radio que propone un cambio radical: "La campaña debería durar un día y la reflexión dos semanas. Al revés". No está mal pensado. Evitaríamos la reiteración de los discursos, la proliferación de las dudas y el descubrimiento de las cartas escondidas que, con tantos días, se ven por debajo de la manga de algún candidato. Si lo piensas bien, no hay ninguno que te guste. A lo mejor somos demasiado exigentes.

Javi Clemente me dijo ayer que yo era un conservador porqué no me mojaba políticamente. Le doy vueltas al tema. Repito que yo no digo a quien voto porqué no soy nadie, únicamente un humorista. La popularidad y repercusión que me ha venido dada me la da la tele. ¿Debo usar la misma tele para lanzar un mensaje político? Creo que no, pero no descarto que sea un planteamiento antiguo. Deberíamos poder hablar de la política sin miedos. Los que sean. Los políticos son nuestras "herramientas" de gestión. Y ya está. Cualquier otra visión redentora, paternalista y sobrenatural de estos señores y señoras es equivocada. Lo que tienen que hacer es olvidarse de los fundamentalistas del partido (que no se los creen ni ellos) y plantear una buena hipótesis de pactos. Porqué mucha más gente se sintiera representada. Las encuestas ya apuntan todo eso. Empates, alianzas necesarias y el juego mucho más abierto y dialogante. Después del Pujolismo monolítico, es necesaria una apertura.

Siguen marchándose los buenos. Ahora Martí i Pol. La muerte siempre es triste, pero la de un poeta parece más dolorosa. Una vez me comentó Pep Poblet que Martí i Pol veía el programa y le hacía gracia. Me hizo ilusión. El nivel de satisfacción de nuestro trabajo público, también se mide por la calidad de sus espectadores. Y los nuestros son/eran/serán los mejores.