Puede pasar de todo en la casa donde viven dos cómicos. No es que vayamos haciendo el chorra todo el día pero, la sorpresa puede saltar en cualquier momento. A esta gallina que nos regalaron hace tiempo (y que ya fue pintada por un servidor) hay que sumarle un bigote postizo blanco que alguien colocó debajo del pico. Le da un toque señorial. Todo muy normal.
Ahí están. Cuatro mitos del humor norteamericano. Juntos suman toneladas de incorrección y miles de horas de vuelo en escenarios, galas, programas de televisión, películas y lo que se tercie. Williams, Crystal, Martin y Chase. Tan serios, tan locos.
Soy un poco mitómano, lo reconozco. Creo que este oficio es tan bonito y a la vez tan exigente, que los veteranos me ponen la piel de gallina. Son corredores de fondo que han llegado a la madurez, a lomos de su pasión. Eso hay que valorarlo y aplaudirlo. Y eso es lo que hago: me pongo de pie y digo "Bravo!!!". (Aunque Chase se ha engordado y tendría que volver a la dieta).
La proximidad del programa nos acerca al fascinante mundo de las pruebas, los ensayos y todo eso que haces para que lo que haces luego quede bien. Estos días, es fácil ver por El Terrat o por el nuevo decorado, gente con planos, muestras de tejidos, cintas métricas, filtros de luz, botes de pintura, clavos, hablando por un intercomunicador o con una bolsa de plástico en la cabeza.
Berto estaba de esta guisa cuando me lo encontré. Según él, estaban tomándole medidas de la cabeza para el departamento de maquillaje. (Supongo que las medidas del año pasado no valen, puesto que a lo mejor ha aumentado su "cubicaje"). Yo también pasaré por ese trance y acabaré con todas las existencias de plástico de Barcelona. Todo sea por el espectáculo. ¡A probar que el tiempo se acaba!
Hay que ser un crack para colarte en la alfombra roja disfrazado de dictador (promocionando tu nueva peli, claro) y tirarle las cenizas de Kim Jong-Il al reportero de televisión que te entrevista. Una hazaña al alcance de muy pocos cómicos que, aprovechando una rendija del sistema, pone en entredicho la pompa promocional de este evento.
Los Oscar consiguen que los odies y los ames al mismo tiempo. Es algo increíble. La crítica más repetida horas después es que no han sorprendido, que son previsibles e incluso aburridos.
¿Pero como van a sorprender? Los Oscar son el escaparate, la punta de lanza de la inmensa industria de este sector en Estados Unidos. A pesar de que pasen horas bajas de creatividad (como ha señalado un siempre acertado George Clooney), mueven muchísimo dinero y muchos intereses. En ningún caso van a permitir que la gala sea transgresora, se reinvente o provoque. Jamás.
Esta pensada para que hablemos de los vestidos (vaya aburrimiento) de los artistas, está perfectamente calculada para la televisión (de ahí la prisa sostenida, la brevedad de las intervenciones, el ritmo), y por encima de todo, debe generarte más ganas de ir al cine. Ya está. Estos son los Oscar.
Esta frustración permanente es un poco absurda ya que estamos esperando algo que nunca pasará. Solo hay que conocer un poco a los norteamericanos para ver como blindan los formatos que van bien, desnaturalizándonos si hace falta.
Hace poco vi el mítico "Saturday Night Live" y me aburrí como ostra. Una decepción. Era una sucesión de gags entre corte y corte de publicidad. ¡Qué lejos quedan los setenta con Belusi, por ejemplo! Un tipo genial que se encerraba en su camerino y decía que no salía cuando el programa es en directo. Luego salía, claro, y lo bordaba. Genialidad, incorrección, provocación...
Todo eso se ha ido diluyendo con el tiempo. Se ha ido amaestrando. Y los Oscar son la sublimación del amaestramiento. Por eso aluciné con Sacha Baron Cohen aunque solo fuera como pegarle una patada a un dinosaurio.
El viernes se estrena "Pepe & Rubianes", una película dirigida por Manuel Huerga que nos regala una mirada panorámica del gran cómico a partir de los recuerdos de algunos de sus amigos.
El miércoles estuvimos todos en el pre-estreno. Todos esos cómicos que solo Pepe puede reunir porque él sigue aquí. Sigue en nuestros recuerdos, en nuestra vida, en nuestra admiración, sin tapujos, en nuestras vivencias cargadas de anécdotas. Y ahí seguirá siempre. Un hombre vive mientras es recordado.
La peli es honesta, cariñosa, tranquila, profunda a veces y respetuosa siempre. Para esa legión de seguidores huérfanos que siguen echándolo de menos cada día, esto es un regalo. Un regalo "necesario", como alguien decía al salir.
Ahora que los del Terrat Pack nos subimos al escenario en Barcelona, resulta bonita esta coincidencia. Intentaremos ser incorrectos, divertidos y libres con nuestros textos y siempre, siempre recordaremos a Rubianes que nos llevaba un par de años luz de distancia.