Robert de Niro

Martes, 8 de enero de 2008

Robert de Niro Todos tenemos un doble, dice la leyenda. El de Robert de Niro, vive en Buenos Aires, se dedica a la pintura y pasa sus horas en la plaza Julio Cortázar de Palermo Soho. Es el doble de Robert y, más concretamente, en la película "El corazón del ángel" y con el pelo blanco. Ya sé que estoy obsesionado con el "abogaaaaaaado", pero no me negarán que tiene su cosa.
Me quedé un buen rato mirándole, pero dio vergüenza pedirle un retrato en buenas condiciones. Nunca seré un buen fotógrafo, porque me falta morro. Me limito a robar, a capturar, escondido detrás de una botella de agua o de un café.

En el gimnasio

Viernes, 2 de noviembre de 2007

Estaba el otro día en el gimnasio, había terminado y en los vestuarios se me acercó un señor de mediana edad. Esto es lo que me dijo: «¿Eres tú? Ah, sí. Es que digo igual no es él. Oye que te he visto desde Japón. Sí, sí. Desde Japón. Fui con mi hijo que se ha casado con una japonesa y le dije al consuegro "mira, este es de allí". No me aclaro con él. Mi hijo sí, porque sabe inglés. Pero yo, no. Fui de Tokio a Kioto y no me atreví a decirle nada en todo el viaje. ¿La comida? Bueno, si vas de etiqueta y eso pues bien. Pero luego ves a la gente en la calle con los perolos de fideos y no. Para uno de Badajoz, como yo, pues ya me contarás. Son muy diferentes. Muy ordenados, muy disciplinados. Ves aquello y dices, estos son una potencia y ya sé por qué. Mi mujer vio una vez a Maragall y ahora te veo yo a ti. Nada hombre, que tengas un buen día. Hasta luego".
Y se fue.

Maestros en acción

Miércoles, 10 de octubre de 2007

El fin de semana pasado, viví un cursillo intensivo de maestros del espectáculo. Maestros en acción. El viernes me planté en el Sant Jordi para ver y escuchar a los "pajarracos" Serrat y Sabina. El sábado cogí un avión y volé a Bilbao para presenciar el último espectáculo de Tricicle, "Garrick". Es, lo que se llama, un fin de semana bien aprovechado. Y, encima, me invitaron. ¿Qué más se puede pedir?
Sabina y Serrat Serrat y Sabina se cascaron tres horas impecables. Les salen los éxitos por las orejas y por el corazón, así que el "juego" consistía en adivinar qué canción de las de siempre iba a venir a continuación. Me gustan cuando se cambian los papeles, cuando dialogan a lo "Rat Pack". "Me pido Frank Sinatra", dijo Sabina en el programa. Es un placer verles, compenetrados y queriéndose, dejándose la piel en cada escenario. Pude abrazar a Joaquin, envuelto en una toalla, a la salida del concierto. Parecía que había jugado una final de copa (con su Atleti, claro). Serrat pone el rumbo, despliega su encanto y, como dice su primo, "le tiembla el corazón al garganta".
El Tricicle Lo del Tricicle fue otro placer. Pude ver el nuevo espectáculo antes de que aterrice en Barcelona o Madrid. Ahora se van a Argentina, así que había que aprovechar la ocasión. "Garrick" (un viaje a las profundidades misteriosas de la risa) no defrauda. Es más, yo diría que va a sorprender. Tricicle, lejos de acomodarse, sigue arriesgando y, en esta ocasión, hay una mezcla de piezas al estilo clásico marca de la casa y otras más nuevas y sorprendentes. O sea que aunque lo hayan conseguido absolutamente todo en el mundo del espectáculo, el respeto por ellos mismos y por el público, les empuja a seguir sorprendiendo. Me quedé con esa lección. Para esos días grises en que te peguntas si tiene sentido tanto esfuerzo y entrega.

BFN #312 - 03.10.2007

Enamorado de la Barceloneta

Lunes, 1 de octubre de 2007

Si yo no fuera de Reus, me gustaría ser de la Barceloneta. ¿Puede uno enamorarse de un barrio? Creo que sí. Siempre que puedo me escapo al mar y, en lugar de las playas de diseño, busco el amparo de los callejones estrechos de la Barceloneta. Me gusta comer ahí. Me tranquiliza sentarme al sol o chalar con la quiosquera que me cuenta que ha visto al Rubianes. En la Barceloneta, la ciudad descarga en el mar todas sus tensiones. Las disuelve en la arena, se las comen los peces, se las beben los turistas. El paseo es perfecto, los chiringuitos (a falta de los antiguos), son verdaderos refugios para los urbanitas estresados.
Balcones en la Barceloneta El otro día me escapé por enésima vez a "mí" barrio. Me compré la nueva revista "Esquire", leí la sabiduría de Eduard Punset, me enseñaron el nuevo hotel 54, escuché algo de música (cada vez soy más fan de Josh Rouse) y disparé fotos para Captura. Me sentó bien la comida, la charla con un amigo y la vida en general. No es tan difícil ser moderadamente feliz y el escenario tiene buena parte de culpa.