Vamos marchándonos

Sábado, 8 de julio de 2017

Bueno, pues ya está. Vamos tirando que se ha acabdo la temporada. Horas y horas de televisión hechas con el corazón, con las tripas y con todo el cuerpo en general. Siempre buscando sorprender y descolocar porque ese es, a mi entender, el principio básico de la comedia: la sorpresa, romper lo previsible, el orden establecido. A veces lo consigues, otras no. Pero lo buscas y la provocas cada noche y te exiges lo mejor de ti mismo. Por amor al oficio y por respeto al que te está viendo.

Eso es LATE MOTIV, posiblemente el mejor programa que hemos hecho. ¿Por qué? Porque sabemos más, somos un equipo enamorado de lo suyo, disponemos de la confianza de nuestra televisión que apuesta por "otra" manera de hacer. Y así da gusto.

Personalmente, me voy muy satisfecho de vacaciones y con la cabeza en la próxima temporada. Solo queda dar las gracias a todos nuestros seguidores que noche a noche, día a día, nos acompañan en este cambio de paradigma de la televisión tal como la conocíamos. Ya no es la audiencia fija que está viendo la tele a las once de la noche solamente. Las cosas están cambiando.

Luego está YouTube, Twitter, Facebook y hasta Whatsapp. Los buenos contenidos corren como la pólvora, se ven a la carta, se ve el programa entero, se picotea, se reenvía. Lo que sea. Me gusta pensar que estamos ahí: en ese cambio, en el signo de los tiempos. Muy moderno todo, vale, pero con la comedia como arma. Tan antigua, tan clásica...

Feliz verano.

'Late Motiv'

¿Puedo?

Miércoles, 8 de febrero de 2017

"¿Puedo hacerme una foto contigo?"
"Claro. Si yo me la hago contigo"
Madrid. Febrero 2017.

Selfies

Selfies

Empezar de #0

Lunes, 14 de diciembre de 2015

Es un decir pero las cosas van por ahí. Nuestro nuevo canal se llamará #0 y para celebrarlo nos hemos echado a la calle. Nos plantamos en la Gran Vía de Madrid con nuestra mesa (la definitiva será mejor), un sofá y las cámaras. Hacía un poco de frío pero no lo notamos. Lo que sucedió fue un buen preludio: gente pidiendo cosas, opinando, riendo con nosotros.

Ya ha empezado el baile. Estreno el 11 de enero.

Emepezar de #0

El niño que era fan
de otro programa

Jueves, 15 de enero de 2015

La popularidad (que no el prestigio) nos acompaña a todos los que por suerte o por desgracia trabajamos en la televisión desde hace años. Nos acompaña todo el día, todas las horas. O te acostumbras o lo llevas claro. Como me dijo una vez Terenci Moix cuando yo empezaba: "Si te molesta mucho, déjalo. Tú lo escogiste, así que no te quejes". ¡Cuánta razón! La televisión es el medio que todo lo amplifica y masifica, que todo lo estandariza, que todavía sigue fascinando un poco a pesar de que se han colado personajes que no sabes muy bien lo que hacen o que lo que hacen te produce vergüenza ajena directamente. Es lo que hay, y quejarte mucho te hace parecer un antiguo. Mejor callar y parecer un moderno. Así las cosas, se trata de llevarlo lo mejor que puedas, agradecer SIEMPRE el apoyo de tus seguidores (lo mejor de esta historia) y poner tu mejor cara. Si tienes un mal día, te quedas en casa. Eso es lo que yo hago.
Pero el otro día me sucedió algo inédito en mi coqueteo constante con eso de la fama. Estaba tomándome un café, y un niño, acompañado de su padre, me miraba con indisimulada curiosidad. Yo, como si nada. Cuando me levanté para pagar e irme, se armó de valor y me abordó: "¿Podría hacerme una foto contigo?". "Claro". Pero reparé en su edad, unos diez años. "Aunque no creo que veas el programa, ¿no? Vamos muy tarde", le dije. El chaval era sincero: "No, no. Yo soy muy fan de 'La que se avecina'". No me había pasado nunca. Respondí a su sinceridad con la mía: "Vale. Vamos a hacer la foto, pero déjame que te diga que no sé si es una serie para ti". El padre me miró con ese semblante de derrota doméstica. Como diciendo: "No, si ya...". Me ratifiqué ante el progenitor con educación: "Lo digo en serio, pero es mi opinión; no me hagas mucho caso". Nos retratamos y me fui dándole vueltas. Hace tiempo que pienso en los valores que transmite la serie. No es culpa de los actores (magníficos en la comedia), sino más bien de los guiones, del motor que mueve la comedia, de lo que quieren contar, de las tramas: sexo, sexo, engaño, corrupción y un poquito más de sexo. Todos contra todos, todos encima de todos, cueste lo que cueste. Su aplastante éxito y continua (hasta obsesiva) repetición han generado un impresionante fenómeno en la calle. La ven todos los niños. Si tuviéramos que analizar la ficción de comedia, seguramente nos tiraríamos varios siglos y no creo que nos pusiéramos de acuerdo. Cada uno es libre de hacer lo que quiere, faltaría más. Hay tantos estilos como autores y eso no tiene que ser malo. Solo quería reparar en el hecho de que los más jóvenes están fascinados e idolatran a esos seres marrulleros, insolidarios y liantes. ¿Eso es bueno? "Hombre, es una serie de ficción!", me dirán los interesados. Claro, claro. Entonces no hay ningún problema, ¿no? Vale, vale...

Ya no sé qué regalar
La gente ya no regala como antes. Primero, porque no puede y ha descubierto que no hace falta comprar cosas que no necesita con el dinero que no tiene. No pasa nada, el mundo gira igual. Segundo, porque quizás ya lo ha regalado todo. Me acuerdo ahora de esa gente que dice que dejó de beber porque ya se había bebido lo suyo y ahora se estaba bebiendo lo de los demás. En mi caso, creo que ya lo había regalado todo y tengo fundadas sospechas de que estaba regalando también lo de otros. No es que vaya de generoso patológico, pero sí es cierto que me gusta más regalar que ser el beneficiario. Y con la fiebre consumista de hace unos años llevé ese placer a las más altas cotas de la estupidez. A mucha gente le pasó. Pero mis problemas empezaron cuando me repetía con los presentes y solo me salvaba el tique regalo. Los amigos sonreían con educación y al día siguiente acudían a la tienda para cambiárselo por otra cosa. Bien por ellos, mal por mí. Toqué fondo. O techo. El caso es que tomé conciencia (eso es la edad) de lo absurdo que es regalar a destajo por la imposición de unas fechas y toda la artillería de márquetin que disparan sobre nosotros en Navidad. ¡Ya está bien, hombre! Descubrí, asimismo, la enorme ilusión que genera un regalo fuera de temporada. Son los mejores. Es como si recuperara todo su auténtico significado. Un regalo inesperado, un detalle, un gesto, tienen mucho más valor que unos calzoncillos o una colonia. Así las cosas, yo regalo todo el año, cuando quiero y a quien quiero. Gano más, emocionalmente hablando, y gasto menos económicamente. Fin del problema.

"Memorias en diferido" en Interviú

El público

Jueves, 9 de enero de 2014

Se llaman Belinda y Eduardo. Vinieron a ver el programa "En el aire" que emitimos desde Barcelona. Lo mejor es que viven en Sevilla y viajaron en coche expresamente para la ocasión. Es decir, que recorrieron 1643 kilómetros para echar unas risas con nosotros. Habría que inventar una palabra con más fuerza que "agradecimiento" para describir lo que siento. Aquella noche, fui yo el que pidió la foto.

Belinda y Eduardo