En aquel restaurante sabían cómo "hacerme daño". Me sirvieron todo lo que no me conviene bajo la apariencia de un cálido sol amigo. Es cierto que fui yo y solo yo el que pedí aquel plato, pero de ahí a esta seductora e iconográfica presentación... Por si no se ve claro, matizaré que el núcleo está formado por un huevo frito en aceite de oliva (XL, según especificaba) y dos trozos de foie ligeramente pasados por la sartén. Como eso irradia mucha energía, ésta se manifiesta en forma de patatas fritas caseras como las de antes. No sabía si comérmelo o llevármelo a casa. Hice lo primero y lo que me llevé, como era de esperar, fue un reconfortante arrepentimiento bañado en colesterol.
Hay hombres que son lecciones de vida en sí mismos. Por lo general suelen ser gente modesta que rehúye esa condición. Si pudieran, serían invisibles. Solo trabajarían en lo que les gusta e intentarían ser felices, alejados de los focos de atención. Como todos, como la mayoría. Pero eso no puede ser, porque el destino les ha reservado un papel ejemplarizante e inspirador. La vida les ha puesto retos que parecen trampas. Me emocionan ese tipo de personas y hay muchas más de las que creemos. Lo que sucede es que solo trascienden los casos más populares o mediáticos. Bueno, no pasa nada. Eso no resta un ápice de importancia.
En el FC Barcelona hay dos casos dignos de estudio: Tito Vilanova y Eric Abidal. Dos hombres perseguidos por enfermedades a las que plantan cara con humanidad, trabajo, esperanza y mucha normalidad. Es tan fuerte lo que están viviendo, como importante lo que están transmitiendo. Posiblemente sean las dos personas más queridas en Catalunya en estos momentos. Y no es la pena la que mueve todo ese cariño. Es la admiración. En un mundo tan exagerado, caótico, exacerbado e interesado como el del fútbol, Vilanova y Abidal nos ponen frente a la verdad más absoluta. Su lucha es la lucha de todos. Una lucha compartida, sincera y reconfortante, ya seas del Barça o del Racing de Santander. Quizá el mundo no esté tan mal como nos creemos.
Se trataba de apoyar a Nacho y la lucha de sus padres por una solución para sus problemas de riñón. Nos convocó Santi Millán y allí que nos fuimos. Sin pensarlo. No podemos ayudar a todas las causas, que más quisiéramos, pero cuando lo hacemos nos sentimos muy bien. Cuando la popularidad sirve para algo, te sientes mejor. Todo sea por Nacho. Si os interesa conocer más y echar un cable, buscad en ASDENT. Muchas gracias.