Las lágrimas del lesionado Pau Gasol tras la histórica victoria contra Argentina, son las lágrimas de la ambición. De la rabia, los nervios y la tensión acumulados por un hombre que solo juega a baloncesto para ganar. Y eso hay que hacerlo extensivo a toda la selección. Hacía muchos años que no se veía un «equipo» de verdad. Chavales que son amigos, que se ríen y que sufren juntos. Y encima tienen una calidad fuera de lo común y han llegado por méritos propios al olimpo mundial. Aunque Pau no pueda jugar contra Grecia, puede decirse que ya ha aportado mucho a España. Le ha demostrado que se puede ganar. Ya está bien de ir perdiendo siempre por la vida.
Ambición
Sábado, 2 de septiembre de 2006