Un portero de discoteca nigeriano, en Madrid, me informa que conoce a Eto’o desde hace años. «Cuando se instaló en Barcelona se cambió el número de teléfono».
Un desconocido me hace dos preguntas en el aeropuerto de El Prat: ¿Habla usted español? y ¿Puede darme treinta y cuatro céntimos?
Un taxista escucha la Cope y conduce con toda normalidad. El maitre de un restaurante nos reconoce que, en el comedor de al lado, se han reunido la policía rusa y la española. (Le preguntamos si estamos a salvo, ante tamaño despliegue. Yo no voy ni al baño).
Pau Gasol viaja en mi mismo avión. Vuelve a casa. Al final, siempre vuelves a casa. Ves a mil personas pero como en casa, en ninguna parte.


