No me digan que no dan un poco de pena las instalaciones deportivas abandonadas. Son como el esqueleto de la inactividad. Decorados vacíos de antiguos esplendores, fiestas, risas y cuerpos en forma. Casi puede escucharse el chapoteo de los bañistas o los gritos de alegría de algún gol por la escuadra. No sigo, no sigo…



Deporte para todos
Viernes, 1 de mayo de 2009