Lo de la autopista de Ibiza no tiene nombre. Van a partir la isla por la mitad con una autopista innecesaria que sólo contenta a los que la construyen. El pueblo (el de verdad) se ha pronunciado en contra, pero el rodillo del dinero y de un poder empresarial y casi feudal en la isla, pasa por encima de ellos.
Algunos medios, adheridos al poder, pretenden ridiculizar la protesta ciudadana. Y la impotencia y la rabia crecen en un paraíso. Los que amamos Ibiza deberiamos apoyar sin concesiones la protesta contra el alquitrán. ¿Para que quieren ir tan rápido por la isla de la calma y la tranquilidad? Queda dicho. No crean los comunicados oficiales. Lo cierto es que nadie —con dos dedos de frente y un nómina común— quiere la autopista.
Ibiza
Viernes, 24 de febrero de 2006