Negociaciones y murales

Lunes, 9 de abril de 2007

Karlos Arguiñano y un servidor, estamos llegando a importantes acuerdos de futuro, aquí en New York. Lo de estar fuera de casa, te dispara la imaginación. Ya ampliaremos la información en nuestros respectivos programas, a la vuelta de las mini-vacaciones. Las últimas palabras de Karlos antes de montarse en el taxi amarillo que le llevó al aeropuerto fueron: «La Estatua de la Libertad, quedaría mejor en Bilbao». Genio y figura.
Chanel 4
Se va el cocinero y nos ponemos a trabajar. Por fin realizamos el viejo sueño compartido con Mikel Urmeneta de pintar un gran mural a medias. Hemos alquilado un estudio en Queens y a garabatear a cuatro manos sobre un papel de seis metros y medio. Impresionante! Quedamos encantados y con las rodillas destrozadas de tanto arrastrarnos. Nos comimos unas pizzas, nos gustó el resultado y se confirma que cuando quieres hacer algo, lo haces y punto.
Mural

Más fotos de la Pataki

Jueves, 5 de abril de 2007

Un buen amigo me hace llegar más fotos de la Pataki en bikini.
¡Es que no hay derecho!
Más fotos de la Pataki

New York, New York

Miércoles, 4 de abril de 2007

Aquí New York City. La ciudad que nunca duerme. Mikel Urmeneta (que se está ganando el cielo, si existiera) me hospeda en un su apartamento, me saca de paseo, me pica con las fotos para Captura.org y me da toallas nuevas y un sofá cama. Gracias amigo.

Por si eso fuera poco, coincido con Karlos Arguiñano (el hombre al que más quiere la cámara de este país) y entablo una divertida relación de amistad, de risas y de buenos consejos. Voy a empezar a pensar que soy un tío con suerte. El otro día nos pagaron la comida unos españoles que no daban crédito del encuentro en pleno Soho.

Nueva York está como siempre o mejor. Me he comprado un bolígrafo que es un cactus, he comido como un campeón y he dormido como un subcampeón. He caminado como un marathoniano (ahí sigo) y he empezado a desconectar de la locura televisiva. Letterman también está de vacaciones. Corto y cierro, de momento.
Urmeneta, Arguiñano y yo
Adjunto esta instántanea de Charlie Lonegan que transmite el alto nivel de concentración en el que nos esncontramos sumidos. Parecemos unos exhiliados chiflados.

Valencia dio la talla

Sábado, 31 de marzo de 2007

Lo esperaba pero, a pesar de ello, todavía estoy impresionado por la respuesta de Valencia al programa «BF-Tour». ¡Alucinante! Con público así, vale la pena el inmenso esfuerzo que significa trasladar todo nuestro circo. Han sido tres días inolvidables que han supuesto saldar una vieja deuda.

Hace mucho tiempo que prometí ir a Valencia como se merecen nuestros seguidores. Desde aquellos años en TV3, cuando descubrimos que más al sur de lo que dicen las leyes territoriales, había un público fiel, participativo y cariñoso. Bueno, pues por fin hemos cumplido con lo prometido. Te sientes muchos más a gusto.

Quiero agradecer a todos los miembros del equipo que han trabajado en Valencia. Son muchos y son muy buenos. Yo diría que los mejores de la televisión en España. Era emocionante comprobar la calidad y el gusto de la tele que se estaba «fabricando» desde el Palau de Congresos. Y encima, me dí cuenta de que yo estaba «dentro». Un placer y un orgullo. Ahora el listón está muy alto y eso nos pone las pilas. Para seguir esforzándonos en estos tiempos revueltos en todos los sentidos, donde la risa es más necesaria que nunca.

¡Amunt València!

La tele y más cosas

Jueves, 22 de marzo de 2007

Ya hemos superado la barrera de los doscientos cincuenta programas, más de dos años en antena. Nuestro próximo libro de monólogos «Como iba diciendo», está a punto de aterrizar. Es un buen momento para reflexionar un poco. Mi compañero Juan Cruz, de EL PAIS, me entrevista hoy y, como siempre me sucede con él, me he podido explicar. Así fue la charla.

¿Es un tiempo raro de televisión?
Claro que es raro. No me gusta dogmatizar, porque la tele escapa a todo análisis, pero sí te digo que, como romántico del medio, a mí no me gusta mucho la tele que se hace; está muy estandarizada, falta alma, arte. Yo siempre he creído en esta televisión que hago, pero tampoco sé si es la televisión que hay que hacer.

En la parrilla hay mucha telebasura. ¿Cómo se defiende un comunicador de esa ola?
Escuchando tu propia voz profesional. Que no haga telebasura no significa que sea mejor o peor; significa que me escucho y actúo en consecuencia.

¿Y usted no se siente contaminado?
Sí, a veces. Y dejé un año de hacer televisión, porque me sentí extraño, como fuera del medio. Yo pensaba: «No pertenezco a la televisión, pertenezco a mi equipo». Ésta es una profesión muy extraña, en que no hay un gremio sino francotiradores. Y en el fondo esto me entristece. Porque soy un romántico del medio, un niño de la televisión, y ahora no me siento identificado con ella, francamente. Quizá es que me he hecho mayor y he caído en un montón de ingenuidades por el camino.

¿Qué es lo que más le ha molestado de la tele?
La falta de respeto al espectador, que es la definición que da un experto, Jordi Costa. Él define telebasura como aquello ante lo que te sientes incómodo. Y eso a mí me sucede. Y cuando me ofende tengo que bajar el volumen, o cambiar de canal. Y digo: «Joder, esto no está bien, me gustan las cosas amables, sorprendentes». No puedo entender el insulto, que el insulto se haya convertido en un contenido. No lo puedo entender.

¿Hay maneras de luchar contra eso?
Es un poco pesimista el análisis de futuro, pero la lucha pasa por una reflexión colectiva, y me parece que ahora priman los intereses económicos sobre los artísticos o de contenidos. Lo único que queda es hablar entre nosotros y decir: «Oye, ¿de verdad estamos orgullosos de lo que hacemos?» Pero creo que nunca nos sentaremos: siempre nos sentamos como clientes, como dueños o como accionistas, y así el diálogo es imposible.

¿Se ha sentido presionado en algún momento por su propia cadena para cambiar su forma de ser?
Jamás. La cadena me ha dado una lección de libertad. Llevo 270 programas; mi balance es que esto es más duro de lo que pensaba… Entiendo que mucha gente no quiere participar en el show televisivo porque el alimento que ve, en general, es nefasto. Marsé decía que él aborrece la tele porque la tele aborrece la cultura. Y, bueno, yo procuro tenerla, aunque sea como una música de fondo con la que vamos trabajando… Mira, esta noche tendré a Saramago. Ya es algo que un premio Nobel quiera venir a mi programa. Pero es cierto que mucha gente no quiere ir a la tele porque pueden obligarles a hacer el ridículo.

¿Le sorprendió el follón que se montó cuando usted se negó a compartir premio con Losantos?
Sólo un poco, porque sabía que irrumpir en ese avispero podía tener consecuencias; lo que me sorprendió en positivo fue la solidaridad, los mensajes que mandaron muchos compañeros. Y me sorprendió que lo mismo que yo dije contra ese modo de hacer periodismo estuviera oculto bajo un montón de capas, de miedo, de precaución.

Pero, por lo que se ha visto también, a usted se la tenían guardada…
Sí; se confirma otra vez, y resulta triste comprobar que hay una España intolerante, retrógrada, y hay otra más abierta y más progresista. Y cuando se toca un tema que está en la frontera, rápidamente los efectivos de las dos partes presentan armas. Cada día los periódicos están llenos de esas cosas y, a pesar de que no queremos verlo, porque nos da mucho miedo el pasado, de veras que hay dos maneras de entender España.

Ahora que ya puede ver con reposo lo que sucedió, ¿cómo ve el periodismo con el que usted no quiso compartir escenario?
Yo observo que hay una degradación del periodismo, pero me sabe mal decirlo, porque yo no soy verdaderamente periodista, y dirán «pero, bueno, ¿este de qué va?» Pero desde mi humilde posición veo que el periodista ha dejado de contar las cosas para intentar manipularlas, e incluso cambiar el rumbo de las cosas. Los periodistas jueces, los agitadores, no me caben en la cabeza.

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