Imprescindible Puntí

Lunes, 2 de noviembre de 2015

El otro día, saliendo de la radio después otro inolvidable «Nadie Sabe Nada», me encontré con uno de mis ídolos. No pasa todos los días. Para mi, un ídolo es alguien al que admiras por su trabajo, por su personalidad artística, porque tienes la sensación de que es incomparable e irrepetible y disfrutas con todo lo que hace. Alguien imprescindible. Si lo piensas un poco, no hay tantos que respondan a este perfil y eso además de lógico, es bueno. El ídolo (mi ídolo) al que me encontré se llama Adrià Puntí. Estaba de promoción con su último disco y fue él quien vino a mi encuentro. Me regaló su trabajo y un libro. «Joder, pero si yo soy fan tuyo Adrià. Muchas gracias, de verdad». Me empeñé en que sonara creíble porque así es. Él, con esa timidez de serie, eludió un poco el halago y nos intercambiamos un abrazo. Poco más. No hace falta más. Conozco y admiro a Puntí desde siempre, desde Umpah-Pah y mira que ha llovido desde entonces.

Ya en sus inicios, detectabas que era especial, que escapaba a la norma y a las etiquetas, que tenía un mundo, una lírica y una voz con las que podría hacer lo que quisiera. Y eso es lo que ha hecho exactamente. Ha hecho lo que ha querido, cuando ha querido y como ha querido. Con sus desapariciones, sus vacíos, sus retornos, sus idas y sus venidas. Adrià Puntí es tan bueno que cuando no está se le echa de menos y cuando regresa se celebra. Como ahora, con su nueva colección de canciones arrancadas de su biografía, de su imaginario, de su poesía cotidiana. Un gran músico catalán me dijo en una ocasión: «Puntí es el mejor de todos nosotros. Solo tenemos que esperar a que tenga ganas de cantar y de actuar. Depende de él». Quizás tenga razón o no, ¡qué mas da! Puntí es Puntí y el hecho de que vuelva a estar en los escenarios debería hacernos brindar con aguardiente.

Adrià Puntí

Los secretos de la radio

Viernes, 25 de julio de 2014

Un verano más, hemos vuelto a la radio con Berto Romero y nuestro querido «Nadie Sabe Nada». Se trata de improvisar, de reír, de disfrutar con nuestro público y de hacer más llevaderos los calores. Todo bien, muy bien. Realizamos el programa desde el estudio Toreski de Radio Barcelona (la radio donde aprendí el oficio durante 10 años).

Las emisoras guardan muchos secretos. Algunos inconfesables y está bien que así sea. Otros son más cotidianos, como la manía de esconder los chicles debajo de las mesas. Berto descubrió uno de ellos en directo y lo celebramos. Todo vale cuando trabajas la improvisación.

«Fotodiario» en El Periódico

El chicle

No saber y hablar

Lunes, 7 de julio de 2014

Cada domingo lo mismo: no sabemos, no sabemos, pero acabamos hablando una hora seguida. Y nos reímos y ponemos música. Y viene un público fantástico. Mira que hemos hecho cosas a lo largo de nuestra carrera y todas tienen algo para recordar, pero el NADIE SABE NADA es… especial. Se construye a base de la complicidad con mi compañero Berto Romero y siempre, siempre nos sorprende. Por eso le tenemos tanto cariño. Ya puedes escuchar todos los programas en ElTerrat.com

'Nadie Sabe Nada'

Nadie sabe nada

Domingo, 29 de junio de 2014

Pues ahí sigo con la frase que se convirtió en una sección, la sección que se convirtió en un programa de radio (otra vez en antena, todos los domingos de verano, en la Ser), el programa que dio paso a una función de teatro. Una cosa lleva a la otra. Me encanta también este concepto. En realidad, podría definir la vida misma. La vida: otro alarde de improvisación, aunque luego preguntas y nadie sabe nada.

«Fotodiario» en El Periódico

'Nadie Sabe Nada'

Volver a la radio

Viernes, 6 de junio de 2014

Hemos vuelto a la radio y eso siempre es bueno. Estos días, vuelvo a los estudios de Radio Barcelona, en la calle Caspe de la ciudad, para realizar NADIE SABE NADA con Berto Romero.

Una hora de improvisación semanal que disfrutamos como niños. Aprovecho para agradecer a la SER que haya contado con nosotros un verano más. Me vienen un montón de recuerdos a la cabeza. Me acuerdo de cuando llegamos con EL TERRAT a finales de 1992. De esas miles de horas de humor, de los compañeros, de nuestros oyentes que nos «daban alas» para volar por el mundo de la comedia. He encontrado una foto de 1997, firmada por Roser Vilallonga. Los buenos recuerdos no se olvidan jamás.

La radio

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