Barcelona – Madrid – Barcelona – Madrid – Barcelona – Madrid – Barcelona – Madrid – Barcelona – Madrid – Barcelona – Madrid – Barcelona… y así.
Ir y volver
Un buen consejo
Visto en Gracia, Barcelona. Una invitación a desconectar (ni que sea por unas horas) para volver a sentir de verdad. Quizás lo que se sienta sea aburrimiento y no tiene por que ser malo. Aburrirse es el cerebro en pausa. Permite parar el bombardeo de impulsos y vaciar nuestras cabezas rebosantes de datos, opiniones, vidas ajenas, información (por llamarla de alguna manera) un poquito de odio ambiental y todo el ruido que nos rodea que no es poco.
El teléfono suele ser la puerta de entrada de todo eso, por lo que purgar solo puede ser bueno. Desconectar para vivir por nosotros mismos, a ver qué pasa. Sal de la maquina.
Barcelona
Qué buena cara se te queda cuando las cosas salen bien. Y mucho más cuando «la cosa» es un pedazo de reto: sacar un show grande de su plató habitual y llevarlo a un teatro. Casi sin ensayos ni pruebas. Confiando en la profesionalidad de un equipo impresionante, espoleado por la ilusión y confiando en un buen público, en este caso Barcelona.
Y salió bien. Bien no, muy bien. Y no se imaginan la ilusión que nos hizo. Durante los tres días en Barcelona una emoción muy especial marcó todos los momentos televisivos que vivimos. Todos. Cuando esto sucede (que no es fácil) te sientes especial y afortunado. Así lo vivimos. Quiero volver a agradecer al equipo su pasión y entrega, a los invitados todo su apoyo y al público esa manera de decirnos que nos quieren. Lo que yo quiero es volver a salir y hacer televisión ante miles de personas. Vibrar y disfrutar con ellos y para ellos. Reír, emocionarnos, con buenos invitados y música en directo. ¿Quién no quiere eso?
Barcelona
(Des)Esperar
A la vuelta de la Semana Santa, regresé otra vez a la rutina de los aviones, esos autobuses con alas. Barcelona-Madrid-Barcelona-Madrid y así hasta el infinito y más allá. Lo que sucedió es que el vuelo esa tarde no despegaba. «Causas ajenas a nuestra voluntad», dijeron, que es uno de los argumentos más genéricos y socorridos que hay. Sirve para casi todo. Bueno, pues a esperar. Mucho. Demasiado diría yo. Más de una hora para que nos diera pista como si nos la fuéramos a quedar para siempre. Solo la necesitábamos un momento para coger carrerilla y salir pitando. Pues no. A esperar.
Tengo la costumbre de hacer garabatos en las revistas pero claro, esta vez me dio tiempo para todo y más. Una pena que no llevara óleos en mi mochila. Hubiera plantado el caballete en ese avión de Iberia. Un avión que no volaba. Una negación. Desesperante. Aquí dejo la prueba.