Paseábamos por Nueva York «armados», como siempre, con nuestras cámaras. De repente lo vi claro. «No te muevas Mikel». Ahí estaba ante mis ojos: una mezcla de homeless, aventurero, genio, actor y no sé cuantas cosas más.

Paseábamos por Nueva York «armados», como siempre, con nuestras cámaras. De repente lo vi claro. «No te muevas Mikel». Ahí estaba ante mis ojos: una mezcla de homeless, aventurero, genio, actor y no sé cuantas cosas más.


Cuando llegué al apartamento de New York, mi anfitrión Urmeneta, me había preparado una mesa con pinturas, pinceles, acuarelas, tintas, todo. Ya os he dicho que como anfitrión es insuperable. Así que solo tuve que sentarme y esperar que las musas (heladas) de la ciudad aterrizarán en mi cabeza. Algunas vinieron, otras no pasaron de la ventana. He dibujado bastante y voy a ir publicando por aquí algo de lo que surgió.