
«iAndreu» en Ara

«iAndreu» en Ara
Ha muerto el presidente venezolano y vuelve a crecer una ola de controversia cuando se intenta explicar su mandato u opinar sobre su obra y su legado político. Otra vez vuelvo a preguntarme: ¿por qué se penaliza la discrepancia? ¿por qué se ponen barreras a la verdad, amparándose en las banderas?
Releo algunas de las pocas entrevistas que el comandante concedió a medios extranjeros. Siempre cabreado, a la defensiva y con un argumento desafiante: «¿Quién es usted para venir a hablarme así a mi casa, a mi país, donde yo mando y he sido elegido? Esta conversación ha terminado». También me acuerdo del primer viaje de Jordi Évole con «Salvados» a Venezuela. De cómo fue confinado a la última fila de una rueda de prensa autoparódica donde se le impidió preguntar. El pecado de Jordi, horas antes, fue una inocente broma a Chávez a cien metros de distancia. El populismo lleva mal las bromas.
Casualidad: sucede todo esto mientras estoy en Burgos en el Tercer Congreso Iberoamericano sobre Redes Sociales. He sido invitado para charlar con Ana Pastor (la periodista que no atiende a amenazas), y lo más seguro es que hablaremos del periodismo en las redes. De la imparable fuerza de la verdad que corre como la pólvora en un mundo interconectado y, espero, cada vez más libre y democrático. En el mundo antiguo, los países eran habitaciones cerradas y mal ventiladas. Un hábitat perfecto para hacer y deshacer sin luz ni taquígrafos. En el mundo moderno, la red y sus enormes posibilidades son las ventanas por las que entra la luz, les guste o no les guste a sus propietarios. Esos propietarios que intentan, inútilmente, tapar las ventanas con las persianas de la censura. Otra cosa es la responsabilidad, innegable, que debemos exigir a los periodistas para que cuenten las cosas como son. (Demoledor el último estudio del CIS donde los españoles suspenden a los periodistas y a los jueces).
¿Qué quién somos nosotros para hablar de Chávez? Yo no sé quiénes son ustedes. Por mi parte, intento ser ciudadano de un mundo libre, justo y global. Global porque las decisiones de todos nos afectan a todos. Y mucho. Un mundo en plena transformación tecnológica, donde las comunicaciones son un campo abierto al que nadie podrá poner puertas. Se tardará más o menos en entenderlo, pero así será.
PD: Como diría José Mota: «Ahora vas, y lo tuiteas».
«El Berenjenal» en Interviú.
Pones la tele, escuchas la radio, navegas por internet, te vas enterando de lo que pasa y piensas…

¡Es que la gente es muy pesada! Tú sales de un museo y, de repente, te ataca una necesidad enorme de ir al baño. No puedes volver al museo. Has aguantado mucho rato, pero ya no puedes más. Se activan tus radares con el objetivo de encontrar un sitio cerca. Se te acaba el tiempo, una especie de alien te aprieta desde tu interior (bajo vientre, concretamente) y andas medio torcido. Hasta te cambia el carácter.
Por fin, encuentras un bar, te abalanzas sobre él pero cuando ya estás a punto de entrar en los servicios, este cartel actúa como un mazazo sobre tu sistema de contención de líquidos. No solo te acuerdas que su uso está reservado para clientes sino que, además, añade que «no insistas». Lo encontré en Cartagena e imaginé un continuo ir y venir de personas «necesitadas» y el hartazgo de su propietario. Pedí un agua (lo que me convirtió en cliente) y gocé del placer de vaciar todo lo que llevaba dentro. Ya más calmado, al salir, me di cuenta de que era el de señoras.
«Fotodiario» en El Periódico

El instinto es libre, personal, un impulso, un motivo, una esperanza… El instinto es un montón de cosas y, ahora, será un ciclo de conferencias. Una de esas iniciativas por las que me siento orgulloso de pertenecer a El Terrat. Pero es justo decir que INSTINT será posible gracias a la colaboración con mi querido Albert Om y su productora Dies Tontos, un referente de calidad en Catalunya con su programa «El convidat» para TV3.
Hemos unido nuestras intuiciones y hemos sumado experiencias. En la presentación del otro día quise recordar a Punset: «es el momento de compartir y no de competir». Lo subscribo más que nunca. También es el momento de escuchar, de aprender, de interpretar un mundo en plena transformación. Ahí es donde plantamos nuestro INSTINT, concretamente en el teatro BARTS del Paral.lel.
Conocimiento, entretenimiento y un primer padrino inspirador y ejemplo: Ferrán Adrià. Se lo dije a Albert anoche: «antes de empezar, ya estoy contento». Debe ser la felicidad de haber creado algo muy bonito, con un gran futuro por delante. Una pequeña atalaya que nos permita elevarnos sobre la confusión y la crispación general.
