
Mi madre
«aaaaaaARA» en Ara
Al final, nada de nada. Fracaso del fin del mundo como apocalipsis, a pesar de haber ensayado los últimos cuatro años. Mal. Muy mal.

Este debería ser un mandamiento grabado a fuego en todas nuestras mentes e incluso me atrevería a decir que también en nuestras almas. El horror nazi es lo peor que ha perpetrado la condición humana. Una pesadilla sin parangón que arrastraremos en nuestra conciencia hasta el fin de los tiempos porque, como ya se ha dicho hasta la saciedad, no hay que olvidarlo ni un día para que no vuelva a repetirse. Por eso, me producen asco e irritación todos aquellos que utilizan el concepto nazi para aplicarlo a la situación actual. Eso es de una ligereza ofensiva, de una temeridad irresponsable que debería hacerles caer la cara de vergüenza.
Cuando el ex alcalde de La Coruña y ex embajador Paco Vázquez comparó a los niños que hablan castellano en Cataluña con los judíos perseguidos por los asesinos nazis, pensé que no nos merecemos esa maléfica equiparación. El mero hecho de plantearla debería ser un delito. Esa sí es una ley que podría aplicarse, en lugar de marear y recular con la legislación vigente, según planea Gallardón. Son muchos los que se llevan el nazismo a la boca sin pensarlo dos veces. Diarios (eso dicen ellos) incluidos. Por ahí, no. Por ahí sí que no. Debatamos hasta hartarnos. Discutamos encarnizadamente. Discrepemos hasta el divorcio si hace falta. Pero, por favor, dejemos las puertas del infierno nazi bien cerradas. Por respeto a la memoria de los que murieron. Hasta seis millones. ¿No es mucho pedir, no?
«El Berenjenal» en Interviú.
Suele decirse que algunos animales tienen una mirada casi humana. «Solo les falta hablar». Descartemos esta última posibilidad (sin duda, sería un sobresalto que hablaran de buenas a primeras) y centrémonos en su mirada. No acaba de ser humana. Les falta… ¿intención? ¿profundidad? ¿sentimiento? Algo de eso. Un poco de todo.
Miran fijamente pero no quieren comunicar nada. Solo ver. Este perro, por ejemplo, asociado a la valla que parece una prisión, puede generar lástima. O miedo. O las dos cosas. Un perro negro, al otro lado de su propiedad que parece decir: «No te pases o me veré obligado a atacar. Soy guardián». Pero no lo dice. Solo mira y… calla. ¿Qué pensará?
«Fotodiario» en El Periódico

