
Este señor es uno de los mejores invitados que puedes tener en un programa de televisión. Se llama Javier Cámara.
El mejor
Los tangas
Me encontraba anoche en mi casa, comiéndome unas cuantas anchoas de las que me regala el presidente de Cantabria, mi compañero Miguel Angel Revilla, y pensé en lo de los tangas. No tiene nada que ver una cosa con la otra, pero sucedió así. Me pregunto quién será el que está dispuesto a pagar dos millones de las antiguas (para mí actuales) pesetas por ese triángulo rojo. ¡¡¡Hablo del mío, eh!!!

De todas formas, no voy a criticarlo ya que sería un necio. Es fantástico que quiera «jugar» con nosotros.
Gracias así mismo a los de eBay, que en su día me regalaron un micrófono de oro. Un detallazo. Seguiremos atentos a los acontecimientos. Y desmentimos que se trata de «la Caixa», como apuntó ayer Joan Eloy.
Nota: Hoy viene mi admirado Javier Cámara al programa. Le preguntaré que tipo de calzoncillos usa.
Crónica de urgencia del concierto de Rufus Wainwright
Vengo del Auditori de Barcelona de ver a Rufus Wainwright. En primer lugar: un tío que canta «Over the rainbow» en albornoz con su madre al piano y pone el auditori de pie, tiene mucha clase. Este es el caso. Y tiene genialidad y «ese algo» que lo hace diferente al resto de miles de cantantes. Rufus es una estrella y lo juega y lo integra en el espectáculo, cargado de gay power y de buenas canciones.
Rufus se ha inventado una sonoridad propia. Un lirismo que coquetea desde el pop, con el folk, el rock, el jazz, los musicales y muchos más. Un collage que hipnotiza, con una voz privilegiada. Este tío es un crack y mola que vaya de diva y que no se tome en serio. Debería despedir a la encargada de vestuario, pero me temo que es él mismo y eso no nos conviene.
Por si faltaba algo, Rufus se marcó un tema en el que aparece Barcelona y que nunca había cantado en directo. Redondo, intenso, fresco, generoso, desacomplejado y genial.
En el gimnasio
Estaba el otro día en el gimnasio, había terminado y en los vestuarios se me acercó un señor de mediana edad. Esto es lo que me dijo: «¿Eres tú? Ah, sí. Es que digo igual no es él. Oye que te he visto desde Japón. Sí, sí. Desde Japón. Fui con mi hijo que se ha casado con una japonesa y le dije al consuegro «mira, este es de allí». No me aclaro con él. Mi hijo sí, porque sabe inglés. Pero yo, no. Fui de Tokio a Kioto y no me atreví a decirle nada en todo el viaje. ¿La comida? Bueno, si vas de etiqueta y eso pues bien. Pero luego ves a la gente en la calle con los perolos de fideos y no. Para uno de Badajoz, como yo, pues ya me contarás. Son muy diferentes. Muy ordenados, muy disciplinados. Ves aquello y dices, estos son una potencia y ya sé por qué. Mi mujer vio una vez a Maragall y ahora te veo yo a ti. Nada hombre, que tengas un buen día. Hasta luego».
Y se fue.
Frank ‘Elton John’ Mercader
Fue una idea de Berto: «¿No crees que Frank Mercader se parece cada día más a Elton John?». Y ahí se lió todo. Muy típico del programa. Basta que uno prenda la mecha, para que el «incendio» se propague en cuestión de segundos.
Le propusieron al bueno de Frank que dedicara una de las noches de la banda al genio inglés de mal carácter y turbulento pasado. Frank dijo que sí. Como siempre. Mercader es el fajador permanente. El músico más currante que he conocido en mi vida. Siempre que miro hacía un lado, le veo amarrado a su guitarra, al frente de un grupo que le quiere y le respeta. Y eso se tiene o no se tiene. Mercader esta casado con el rock, disfruta cada nota que toca y las ha visto de todos los colores. A pesar de eso, cada canción que interpreta parece la más importante del mundo.

(Nota: Las gafas, son más bien de azafata del «Un, dos, tres»).
Un beso compañero.