Quien avisa…

Quien avisa…

El periodista Pau Arenós es el mejor explicando la cocina, sus gentes, sus platos, sus tendencias, su pasado, su futuro, su todo. Decir que uno es el mejor en lo suyo parece fácil, pero lo que tiene es mucho mérito.
Conozco a Arenós desde hace mucho tiempo. Fue el primero en entrevistarme cuando hacíamos EL TERRAT en Radio Barcelona, tomándonos en serio. Con respeto, cachondeo y escuchando. Porque, aunque no lo parezca, Arenós escucha y luego habla bastante (todo interesante), pregunta y lo remata escribiéndolo con una sensibilidad exquisita rozando la poesía.
Una vez escribió una novela y me pregunto qué me había parecido. «Demasiado buena» le dije. Escribe tan bien que aquella novela era como tres, todo caldo, todo sustancia.
Cuando Arenós habla, los chefs españoles (posiblemente los mejores del mundo) callan. Lo he visto con mis propios ojos. Y no dogmatiza. Solo documenta, explica, razona y compara, porque tiene tantos platos en la cabeza que yo no se cómo puede hacer la digestión.
El tío es listo, tiene retranca, muchos kilómetros, muchas servilletas anudadas al cuello y es de Castellón. Es un amigo que no pide favores. Un vitalista disfrazado de crítico. La cara lo delata.
Créanme: compren este libro sobre el fenómeno de los fogones en nuestro país y no compren ninguno más. Ya está. (Que conste que la última comida con Pau la pagué yo).

Un día recibí el libro de Pau García-Milà con una cariñosa dedicatoria. Me sorprendió. El cariño o la amabilidad no «cotizan» en este mundo, donde parece que todos lo saben todo y se desconfía siempre de los demás.
«Un chaval majo», pensé. Y le invité a un café para decirle que quería hacer algo con él, apoyarle sin prejuicios en algo nuevo que tuviera en la cabeza. Quería hacerlo por placer, porque descubrir es mi vicio y apostar, una parte vital de mi manera de ser. Lo viejo me aburre, lo nuevo me emociona.
Fue entonces cuando Pau me explicó el proyecto Bananity y me quedé boquiabierto. Pienso que este chaval y su equipazo, podrían estar perfectamente en Sillicon Valley, en Estados Unidos, codeándose con la elite. Pero no. Él prefiere quedarse aquí (a pesar de «todo») y desplegar su contagiosa creatividad para todo el mundo. Es una nueva generación que entiende lo global como nadie, que toca con los pies en el suelo pero que lucha por sus sueños. Por eso me he apuntado a Bananity.

«Me vais a enseñar más vosotros a mi, que yo a vosotros», le he dicho. Y lo creo. La nueva red social nace para compartir emociones, amores y odios. Sin acritud, sin ligoteo, preservando la intimidad y explorando en los gustos colectivos de este mundo en permanente transformación. Se buscan y se encuentran afinidades y se potencia la suma de personas parecidas. Porque hay muchos «Paus» en el mundo. Se trata de encontrarlos. Yo encontré el mío y estoy encantado. ¿Un plátano?

Hoy, el día en que por fin se hace realidad la gala para Yamuna en el Teatro Victoria de Barcelona, me acuerdo de una frase que leí. Decía algo así como «la mejor manera de predecir el futuro, es protagonizarlo».
Me gusta porque invita a la acción. «Si no haces nada te desintegras», como dijo Eduard Punset. La inacción, el pesimismo, ese pensamiento derrotista de «¿y qué puedo hacer yo si todo está tan mal? No servirá de nada», es del todo inapropiado o no conduce a ningún sitio. Todos estamos cabreados por las contrariedades que esta enrarecida sociedad nos sirve un día sí y otro también. ¿Vamos a quedarnos quietos?
Cuando estuve en Madgascar el pasado marzo para conocer de cerca el trabajo de Yamuna y el sueño de una escuela que poco a poco se hacía realidad, pensé que debía dar un paso más. No es nada heróico, ni épico. Es de sentido común. Pensé: «con la de galas benéficas en las que he participado ¿por qué no abandero yo una por una buena causa?». Y prendí la mecha. Como ya he contado, la respuesta fue impresionante y el equipo que ha trabajado desinteresadamente merece todo mi respeto y todo mi cariño. El sueño se hace realidad, el futuro se protagoniza.
Como es normal, los niños de Madasgacar ni se imaginan nuestras cábalas, nuestras dudas, pudores o lo que sea. Ellos viven felices, reciben el apoyo de Yamuna y te regalan sus sonrisas cuando les visitas. Sin ellos saberlo, su normalidad, su simpatía es el motor de toda la maquinaria que se pondrá en marcha esta noche. Porque queremos protagonizar nuestro futuro y también el suyo.
Muchas gracias a todos. Nos vemos hoy.
Venga, un poco de calma. Para los que reflexionen, para los que no.
Para todos… Chet Baker.