Kiko Veneno, el lúcido que disfruta

Miércoles, 24 de abril de 2019

Lleva media vida ante nosotros y parece el más moderno de todos. Es un poeta disfrutón, hombre de calle y de buenas (muy buenas) canciones. Siempre fue un avanzado y eso nunca se pierde, más bien al contrario. Se reinventa, se da tiempo, rechaza lo previsible. Se diría que si no se divierte no trabaja, si no prueba cosas no se mete en harina. Si hay que esperar se espera, que llevamos todos mucha prisa para no llegar a ningún lado.

Y así es como Kiko maneja los tiempos y piensa con calma y con sorna. Como debe ser. Me gustó estar a su lado. Escucharle y embobarme cuando cogió la guitarra y nos hizo cantar a todos.

“Birdman” contra “Ironman”

Jueves, 21 de mayo de 2015

El director mexicano Alejandro González Iñárritu la ha liado un poco con sus declaraciones respecto al género de los superhéroes en el cine. A mí me interesa mucho el tema. En realidad, ha dicho lo que muchos pensamos y, más allá de su carácter impulsivo, creo que responde a un amor profundo por el cine, por el arte de contar historias en la pantalla. Algo que, por cierto, ha quedado más que patente en la genial “Birdman”, una verdadera obra maestra. Hace tiempo, mucho tiempo, que al cine lo ha colonizado esa suerte de pelis de acción, ruido, efectos digitales y una épica de plástico con caras conocidas en mallas. Nunca nos acostumbraremos a ver esos extraordinarios actores haciendo el pamplinas. Yo no, al menos. Son buenos actores y lo hacen bien, claro, pero las pelis de autor, las que emocionan y tocan la fibra, esas han quedado relegadas a una extraña segunda división que se las ve y se las desea para sacar la cabeza en las carteleras. Hay alguna excepción, por suerte, pero la estrategia global, el márquetin aplastante del nuevo Hollywood, apuesta más por las sagas y ha encontrado en el cómic el terreno ideal para levantar su imperio tan espectacular como intrascendente. Cine fast food. Otro cine, otra historia.

Recuerdo estar en Londres viendo una première de “Los vengadores” con José Corbacho. Cuando ya llevábamos dos horas, me salió del alma decirle: “Pero qué rollo, ¿no?”.  Nos entró la risa. Luego hablamos ocho minutos con Scarlett Johansson en un hotel y no sabíamos qué preguntarle. Quizás la pregunta hubiera sido: “¿Tan importante es la pasta, Scarlett?”. Pero no lo hicimos, claro. Éramos una parte más del engranaje y lo sabíamos.

Alejandro dijo sobre el género de los superhéroes: “A veces las disfruto porque son básicas y simples y van bien con las palomitas. El problema es que a veces pretenden ser profundas, basadas en algunas cosas como de la mitología griega […]. Odio eso, y yo no respondo a esos personajes. Ha sido un veneno este genocidio cultural, porque la audiencia está sobreexpuesta a la historia y las explosiones y mierda que no significa para nada la experiencia de ser humano […]. Superhéroes… tan solo la palabra me molesta. ¿Qué chingada significa? Es una concepción falsa y confusa la del superhéroe. […] Filosóficamente, simplemente no me gustan”. ¡Toma ya! El director le ha pegado una patada al avispero de Hollywood donde más le duele. A su parte más rentable y millonaria.

Se le calentó la boca, a lo mejor, con lo de genocidio cultural. Genocidio es una palabra muy dura, muy agresiva, muy oscura, de las que duelen. Era una cuestión de tiempo que el gigante contestara, y fue Robert Downey jr. el que hizo de portavoz: “Mira, yo lo respeto hasta el límite y pienso que un hombre cuya lengua natal es el español, y que sea capaz de juntar una frase en inglés como 'genocidio cultural' habla de qué tan brillante es”. Mazazo de Ironman.

Un mazazo equivocado, a mi entender, y que desprende un peligroso tufo de superioridad, de prepotencia. No puedes entrar ahí, amigo Robert. No puedes usar la lengua, con un claro rasgo de menosprecio cultural y social, para ironizar sobre Iñárritu. Seguramente había ocho maneras más de bromear y discrepar al mismo tiempo. Al fin y al cabo, todo el mundo es libre de hacer lo que quiera con su carrera, faltaría más. Te digo más: a mí siempre me ha encantado Robert Downey jr. Creo que es uno de los mejores de su generación. Su interpretación de Chaplin me robó el corazón para siempre. Tiene una mirada impresionante, un actitud ante la cámara que roza la verdad en muchas ocasiones. Por eso me duele (es un decir) ver que esa tendencia actual le somete a enfundarse un traje de acero con una luz en el pecho. Luego hace otras cosas, teóricamente menores, que son las que nos recuerdan su enorme valía.

Aquí solo hay una solución posible, y es que hagan las paces. Lo mejor sería que Iñárritu le propusiera un buen papel a Robert Downey jr. Una de esas películas que tocan la fibra, que sobreexponen al actor, que te conmueven y perturban. No lo descarten, porque en Hollywood todo es posible. Todo por la pasta. Incluso reconvertir una bulla en proyecto para mejor beneficio y expectación en taquilla.

Memorias en diferido” en Interviú

¿Pero baja el IVA cultural o no?

Viernes, 20 de marzo de 2015

Ahí sigo con la duda. La semana pasada el diario ABC dedicaba una de sus contundentes portadas al tema y anunciaba: “El Gobierno bajará el IVA cultural”. Cabe recordar que esta es una reclamación permanente, justificada, indispensable, algo que el sector formula constantemente. Algo vital y vergonzoso a la vez. Somos el país con el IVA cultural más caro de Europa. Quién sabe si se trata de una prueba piloto para ver hasta qué punto se puede machacar una cultura. Un experimento bizarro de aniquilación por desgaste, por asfixia. Bueno, así las cosas, el anuncio de Abc captó la atención. Otros medios se hicieron eco. Lo siguiente que sucedió fue que el Gobierno negó (con timidez, pero lo negó) tal medida. ABC insistió con su primicia: “El Gobierno busca el momento adecuado para anunciarlo”. Me gustó mucho lo de “buscar un momento adecuado”. Esa tarde colgué un vídeo en Twitter que me grabé yo mismo, donde se ve un pie pisando una especie de superficie lunar y una voz en off que decía: “Si baja el IVA cultural, será un pequeño paso para la cultura, pero un gran paso para la campaña electoral”. Pero pasaban las horas y la medida no cogía cuerpo oficial. Por la noche decidimos llamar en directo al ABC. Lo denominamos “periodismo de investigación” y así, de paso, nos reímos un poco de las imposturas del gremio. Costó comunicar con el rotativo, pero al final contestó un señor. “Soy Buenafuente y estamos en directo. Si, por lo que sea, no quiere seguir hablando, no pasa nada”. Algo así le dije. Estábamos haciendo una gamberrada, de acuerdo, pero avisando. Una broma bastante blanca, francamente. Lo he practicado en la radio toda mi vida.

Lo que vino a continuación fue un momento tenso e incluso agrio. “¿Qué quiere?”. “Quiero que me confirme si se va a bajar el IVA”. “Eso es lo que hemos dicho”, apuntó muy seco. “Ya, pero el Gobierno no lo confirma, compañero”. “¿Cómo ha dicho?”. Con esta pregunta, con su pausa, me estaba recriminando que lo llamara “compañero”. Lo pillé y no le faltaba razón. Yo también noté que me había precipitado. Todo se torció a partir de ahí. “Llame usted al Gobierno. Oigo risas, ¿estamos en un programa?”. “Sí -le recordé-, ya se lo he dicho”. Al final me colgó, no entró ni en el juego, ni en la conversación, ni en nada. Estaba en su derecho, faltaría más, pero perdió la oportunidad de ser amable. Después del sofoco, recordé que “nos hemos quedado igual, no sabemos si se baja el IVA de la cultura”. Y así es. Mi modesto olfato me dice que Abc dispone de esta información, de una filtración seguramente interesada del Ejecutivo. Pero no deja de ser muy peliculero que el propio Gobierno lo desmienta. Como si les hubieran dicho: “Vosotros lo publicáis, nosotros lo desmentimos, pero es verdad. Cuando por fin se confirme, podréis decir que ya lo habíais avanzado”. Algo así. O no. Hace tiempo que no entiendo el periodismo. Y cuando no entiendo algo, no me lo creo o me enfrío, me alejo de él. La prensa, últimamente, parece un juego barato de espías con intereses. Una mezcla de propaganda, de márquetin. Algunas portadas son más bien páginas de humor. Levantan más sonrisas que interés y, por supuesto, credibilidad.

Memorias en diferido” en Interviú

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