Hay que mirar esta foto de vez en cuando. Hay que «admirar» cómo llegó el maestro Groucho a la vejez. Lo hizo más gamberro y listo que nunca. Más libre para decir lo que quiso, para hacer lo que le venía en gana. Toda una lección.

Hay que mirar esta foto de vez en cuando. Hay que «admirar» cómo llegó el maestro Groucho a la vejez. Lo hizo más gamberro y listo que nunca. Más libre para decir lo que quiso, para hacer lo que le venía en gana. Toda una lección.

Eso es lo que busca todo presentador de este tipo de programas: sentirse bien acompañado. Estar con alguien que casi «se entreviste solo». Alguien con encanto, con cosas que contar, que transmita amor por lo suyo y que sea una persona simpática, con luz. Todo eso sentí la noche en la que vino Martirio. Y encima cantó y encajó el «homenaje» de la Niña. Muchas gracias.
Posiblemente, esta sea mi canción favorita.
Le gusta que le llamen así: «tito George». Un tipo entrañable y muy buen compañero de rodaje. Cuando vino a hablar de lo suyo no pudimos evitar hablar también de «El pregón», donde (re)aparece en el cine. Y lo hace como un clásico generoso. Al servicio del proyecto. Me ha encantado conocerle y le deseo lo mejor para su «Qué fue…» Carismático y autoparódico. Bien Jorge, bien «tito» George.

Llimoo (¿qué demonios signfica?) parece que no esté pero está. Vaya si está. Va abriéndose camino y la noche de los Goya dio un buen paso adelante con sus reportajes.
Llimoo practica la incomodidad amable. El pseudoperiodismo gracioso. Es un faltón que cae bien. Tiene algo de entreñable, de fallón que esconde algo. Parece que llevara ahí mucho tiempo y quizás sea verdad.
