…que Lennon sigue aquí y nos dice (o nos canta) cuatro cosas bien dichas (o cantadas) a la cara (o al corazón).

…que Lennon sigue aquí y nos dice (o nos canta) cuatro cosas bien dichas (o cantadas) a la cara (o al corazón).

LATE MOTIV. Enero de 2016. #0. MOVISTAR+.
Ya tenemos las coordenadas para otro viaje. Otro viaje por las televisiones (a este paso creo que podré hacerme todo el dial en unos pocos años más) y la comedia. Ahora recalamos en el pago donde nos quieren y donde se respira la emoción de un nuevo y gran proyecto. Es muy emocionante, todo lo nuevo es emocionante y viene cargado de buenos propósitos. Como dicen los cantantes cuando hablan de su último disco: «este va a ser el mejor programa de mi carrera». Y sí, lo creo. Porque tiene que ser así. Porque, si no, es que no has aprendido nada y se trata de dar siempre tu última mejor versión. Por respeto a ti mismo y al público.
Y en eso estamos. En volver hacer un late show por todo lo alto, con todos sus elementos característicos , como mandan los cánones aunque… rompiéndolos a voluntad. Nosotros somos así. Amamos lo clásico y nos gusta romper y sorprender. A ver como se conjuga.
En estos momentos, un montón de gente apasionada, se está dejando la piel para poner en pie nuestra nueva criatura en Movistar+. Pronto iremos dando novedades porque ya aviso que voy a ser muy pesado. Voy a dar la brasa con la (sana) intención de contagiar a nuestros seguidores del mismo virus de lo nuevo y lo bueno que ya tenemos en el cuerpo. Me quito el flotador y voy a una reunión. No creo que estuvieran cómodos si me presentara en bañador. Aunque no lo descarto. Hay que innovar.

Un bar de la ciudad de Barcelona ha decidido dar el primer paso: «Wifi no conectado (gente)». Es un lugar bonito, pequeño y tranquilo. Me dicen que apuestan por gente que vaya a tomar un café y hablen entre ellos, toda una temeridad (como negocio) hoy en día. Pero… ¿y si son más modernos de lo que creemos?
He leído por ahí que va cogiendo forma un movimiento que algunos califican como «el apagón digital» o «retorno a lo analógico». Dicen que hay personas que apuestan por desconectar, se dan de baja DE TODO en las redes y pasan de compartir, recomendar, etiquetar y todo eso que nos hemos inventado y que nos ocupa la mayoría de nuestro tiempo.
Personas que borran todo su historial, todas las pistas y empiezan a recuperar una «nueva individualidad», una libertad de movimiento sin estar geolocalizados. Los nuevos analógicos sencillamente usan la tecnología para currar, para sus necesidades básicas y luego «viven» las cosas como se hacía antes. Recuperan las charlas sin mirar cada tres minutos el teléfono, los paseos y viajes (sin fotos), el silencio, las comidas con los amigos, la lectura o el sencillamente no hacer nada. Unos locos, vamos.
(Nota: en el bar les preguntan si «people» es la contraseña)


El otro día, saliendo de la radio después otro inolvidable «Nadie Sabe Nada», me encontré con uno de mis ídolos. No pasa todos los días. Para mi, un ídolo es alguien al que admiras por su trabajo, por su personalidad artística, porque tienes la sensación de que es incomparable e irrepetible y disfrutas con todo lo que hace. Alguien imprescindible. Si lo piensas un poco, no hay tantos que respondan a este perfil y eso además de lógico, es bueno. El ídolo (mi ídolo) al que me encontré se llama Adrià Puntí. Estaba de promoción con su último disco y fue él quien vino a mi encuentro. Me regaló su trabajo y un libro. «Joder, pero si yo soy fan tuyo Adrià. Muchas gracias, de verdad». Me empeñé en que sonara creíble porque así es. Él, con esa timidez de serie, eludió un poco el halago y nos intercambiamos un abrazo. Poco más. No hace falta más. Conozco y admiro a Puntí desde siempre, desde Umpah-Pah y mira que ha llovido desde entonces.
Ya en sus inicios, detectabas que era especial, que escapaba a la norma y a las etiquetas, que tenía un mundo, una lírica y una voz con las que podría hacer lo que quisiera. Y eso es lo que ha hecho exactamente. Ha hecho lo que ha querido, cuando ha querido y como ha querido. Con sus desapariciones, sus vacíos, sus retornos, sus idas y sus venidas. Adrià Puntí es tan bueno que cuando no está se le echa de menos y cuando regresa se celebra. Como ahora, con su nueva colección de canciones arrancadas de su biografía, de su imaginario, de su poesía cotidiana. Un gran músico catalán me dijo en una ocasión: «Puntí es el mejor de todos nosotros. Solo tenemos que esperar a que tenga ganas de cantar y de actuar. Depende de él». Quizás tenga razón o no, ¡qué mas da! Puntí es Puntí y el hecho de que vuelva a estar en los escenarios debería hacernos brindar con aguardiente.
