Puntos, puntos, puntos.
Esta es la época del color y los puntos suspensivos.

Puntos, puntos, puntos.
Esta es la época del color y los puntos suspensivos.

Hacía sol, llevaba un boli a mano y la playa estaba diciéndome: «dibújame».
Y eso es lo que hice.

Nueva etapa, más color, más ganas, más abstracción, más luz…
De repente te cogen muchas ganas de pintar, seguir una idea, un camino y probar. Disfrutas haciéndolo y pasan las horas volando.


Barcelona, estudios de la cadena SER. Ahí estaba la gente o una representación de ella. Treinta y cinco personas acudieron de público para el inicio de la temporada de Nadie Sabe Nada.
Por primera vez en diecinueve meses volvíamos a sentirnos acompañados, reídos y sobre todo queridos. El primer aplauso fue especial. Largo y relleno de cariño. En verdad nos lo dábamos todos a todos. De esos aplausos que dicen «aquí estamos otra vez. Hemos resistido, vamos a intentar volver a ser algo parecido a lo que siempre hemos sido».
Y el programa voló como un avión de papel. El aliento era la presencia de ese público fiel, afín y cómplice para el que da gusto trabajar. Ojalá el pasado más reciente quede atrás como una mala pesadilla y la comedia siga siendo el quitanieves que necesitamos.
