Fue la reina del evento. En aquel día frío y lluvioso, todos nos arremolinamos en un bar por una buena causa. Había mucha gente, muchas caras que se confundían y se mezclaban. Ruido, risa, abrazos... Pero si mirabas hacia abajo, descubrirías a la chica más especial de todas. Sus botas de agua fucsia eran un foco de atención hipnótico. Llenó el lugar de color con sus pasos y luego se fue. No recuerdo la cara que tenía.
"Instalación" casual con el amor como tema en la cocina de mi casa. Hace tiempo nos regalaron la palabra, en francés que es más romántico, y ahí sigue, reivindicándose a sí misma. Después, haciendo pruebas en mi estudio, aparecieron dos corazones relacionados, vividos, aguantándose, necesitándose... Pensé que las dos piezas podían convivir y hasta explicar un poco el mayor y más poderoso de los sentimientos. ¿Sirve?
Los semáforos son paréntesis, pequeñas trampas de un minuto y medio que paralizan la vida de las ciudades y nos colocan cara a cara con la realidad, a veces con nosotros mismos (¡hay que ver lo que se llega a pensar en coche!), otras con la realidad exterior, casi nunca agradable.
Este hombre exhibe su discapacidad con regularidad e intenta ganarse la vida vendiendo pañuelos. Un 90% de los conductores le dirá "no, gracias" e intentará mirar hacia otro lado. Él no insistirá y seguirá preguntando en su búsqueda de la caridad con un tiempo limitado. Cuando arranquemos nos sentiremos un poco culpables y nos recordaremos que ya ayudamos de otra manera, de muchas maneras. Pero no podremos evitar pensar en su historia. ¿Cómo habrá llegado hasta este punto? ¿Nosotros lo haríamos? Llegada la luz verde, arrancamos, creemos huir, pero solo es un pequeño acelerón hasta el próximo semáforo.
Bob ha dimitido y, voluntariamente, se ha dejado caer al lado de un contenedor para que algún humano de buen corazón se dé por aludido y lo evacue lo más rápido posible. En realidad estuvo pensando un rato en qué contenedor debía meterse, pero al no ser envase lo invadieron las dudas y optó por quedarse discretamente a un lado, junto a una mesita de noche con el mismo problema.
Bob es una esponja mojada (una redundancia) y, aunque sonríe por oficio, sabe que ha tocado fondo (del mar). Está lloviendo, hace meses que pasaron las fiestas navideñas, el país no está para alegrías y los niños cambian de héroes como el que cambia de canal. Así que ha terminado su trabajo. Fin. Todavía hoy, en el momento de partir hacia la planta de reciclaje, se pregunta qué demonios verían en él.