Una vez hice obras, muchas obras en la casa antigua que me compré. Fue un infierno de cemento, proveedores, medidas, pasta, berrinches, fallos, cambios, permisos y un etcétera infinito. Me dije: «Nunca más». Pero, por lo visto no me escuché porque el sábado comprobé que ya estaba metido en otras obras. ¿Qué extraño mecanismo nos hace olvidar los malos momentos, haciendo posible que caigamos en la misma trampa una y otra vez?
Ya han debutado en el programa, «Los Cantantes». Buenos actores, buenas canciones, buenas letras y calidad aseguradas. Ese tipo de cosas que hacen que este programa sea diferente.
Yo no quiero entrar en la decisión que llevó al cierre de CNN+. Es la decisión de una empresa con graves problemas económicos, en el marco de una penosa situación del sector en cuanto a valores y en mitad de un proceso de compra por un gran grupo. Ahí es nada.
Yo quiero hablar de Iñaki. El locutor que yo miraba de escondidas cuando venía a Radio Barcelona y nosotros hacíamos El Terrat. El comunicador con rigor, sensato, crítico, cercano cuando hace falta, distante y periodista cuando es necesario. El hombre que escucharías toda la noche y que (¡por fin!) pudo acudir a nuestro plató.
Era uno de esos momentos que saboreé y disfruté, sintiéndome orgulloso y contento a la vez. La televisión que me gusta es así: genera momentos como estos, te hace sentir listo y respetado como espectador, necesario y agradecido como presentador.
Anoche volvió a pasar lo que sucedía en la radio hace veinte años: «hoy viene Iñaki», decía la gente. Eso es lo que generan los personajes únicos. Y no hay tantos. Os lo digo yo que llevo media vida en esto.
…que te puede pasar al llegar a un aeropuerto, es que te encuentres de narices con los restos de una aeronave accidentada. Esto sucede en Bocas del Toro, Panamá. A pesar de todo, hicimos como quien no ve nada y nos subimos a nuestro aparato con toda la tranquilidad. Es todo mental. (Díselo a los que iban en el de la foto)