A veces, las palabras se gastan

Viernes, 17 de octubre de 2014

Tengo la sensación de que, a veces, la palabras se gastan con el uso. Con el mal uso, quizá sería más exacto. Hace poco estuve como invitado en un evento de jóvenes emprendedores. Buena gente. Personas con toda la vida y toda las ganas del mundo por delante. Se organizan, usan las redes para trazar la alianzas y sacar adelante sus proyectos. Me llamaron para hablar de mi experiencia personal en el mundo de las empresas. Entonces pensé que lo mejor sería ser muy sincero, nada convencional y lo menos épico posible. Una actitud que no cotiza demasiado en este mundillo, donde se prodigan los iluminados, los hombres y mujeres hechos a sí mismos (otro concepto gastado) y los powerpoints motivacionales y muy edulcorados. Les dije, solo para empezar, que la palabra emprendedor me parece gastada, que habría que inventar otra o quizá no inventar nada y volver al clásico «buscarse la vida», como ha sido siempre. El lenguaje se gasta cuando se cierne sobre él la sombra de la manipulación interesada. Nuestro sistema actual es muy hábil para esas cosas. Cuando los políticos se llenan la boca con lo de los jóvenes emprendedores, algo huele mal. «Lo primero que tendrían que hacer es no penalizar y coser a impuestos lo de crear una empresa en este país. Este es uno de los sitios más caros para hacerlo». (Aquí hubo aplausos, la espina está clavada y duele). Les seguí hablando de mi realidad, de los miles de jóvenes como ellos que han tenido que irse del país porque esto es un páramo, de lo farragoso y desagradecido que supone, la mayoría de veces, seguir en pie, buscar oportunidades e intentar ganar algo digno. Y más ahora. Puestos hablar de la maldita crisis actual, les pregunté qué habían aprendido y cómo iban a aplicarlo. «El mundo que conocíamos y sufríamos se está desmoronando. Vosotros vais a construir el nuevo y sería bueno que nos pudiéramos sentir más orgullosos. Que las empresas tuvieran una conciencia ética digna, compatible con su ambición. Que la codicia no lo justificara todo y que la justicia social no fuera una rareza en vuestros idearios». No me tiraron el cubata a la cabeza, por lo que deduzco que no sentó mal.

Esteso se emociona cuando habla de teatro
Fernando Esteso ha sido uno de los mejores invitados que nos ha visitado últimamente. Venía para hablar de «Torrente 5», la película que no necesita promoción. El actor estuvo cariñoso, simpático, lúcido y se puso al público en el bolsillo. Al acabar, lo felicité sinceramente y puedo decirles que eso no es algo que haga habitualmente. El cómico, que lo fue todo en su momento, habla del pasado y se le ilumina la cara. En un momento dado, se refirió a una obra de teatro, «La extraña pareja», que hizo con Pajares en 1985. «Mira, se me pone la piel de gallina». Miré su brazo y era verdad, se le erizaba la piel. Reparé sobre eso con el público. Sobre cómo un hombre de 69 años se emociona recordando el teatro, la experiencia escénica de darlo todo ante los espectadores. Un arte, el teatro, que tenemos frito a IVA, siempre bajo la sospecha, el menosprecio y la interesada devaluación de los gobiernos. Mira, me salió así.

El virus de la desinformación
Está costando encontrar una información centrada y veraz sobre el ébola y su repercusión en España. Lo de la «pandemia» está sacando lo peor de la prensa, con portadas vergonzosas, especiales alarmistas o versiones culpabilizadoras que dan un poco de asco. Los responsables políticos tampoco se quedan atrás. Ni las medidas de precaución, ni las comparecencias oficiales o algunos debates ciudadanos. Hablábamos con los compañeros de cómo incorporar todo eso a la comedia y decidimos que, de momento, no había manera. «Hacemos un programa de humor», nos repetimos como un mantra. «Bendito humor», añado yo. Y muy necesario.

«Memorias en diferido» en Interviú

La família irreal

Sábado, 18 de enero de 2014

Estos días ha bajado el telón en Barcelona uno de los acontecimientos teatrales más espectaculares de los últimos años. Algunos lo llaman «teatro comercial». Vale. Yo creo que no está el teatro como para ser segmentado o etiquetado. Con lo del 21 por ciento de IVA, el sector está bastante canino y cuesta horrores (comprensibles) llenar las salas. Así que todo éxito en este sector merece ser subrayado, y en este caso, si me lo permiten, brevemente analizado.

Les hablo de «La familia irreal», una gran sátira sobre la monarquía española que han puesto en pie durante dos años (sí, sí, dos años) unos magníficos cómicos catalanes. Se trata de la gente de «Polònia», el mítico programa de TV3, y la compañía Dagoll Dagom, unos históricos de la escena. El escenario del gran aquelarre ha sido el Teatre Victòria, en el corazón del Paralelo de Barcelona. O sea, que la cosa se ha vivido a lo grande. No estamos hablando de una sala pequeña, ni de teatro alternativo o minoritario con poca repercusión. No, no. A lo grande, para todos los públicos, con luz, taquígrafos y risas. Muchas risas. La función ha batido todos los récords de asistencia, y si lo dejan es por una mera cuestión de compromisos pendientes. Así que podrían estar todo el tiempo que quisieran sin un final claro. Como la misma monarquía, vamos. A lo mejor ustedes no han leído nada en los grandes medios españoles. Puede ser. Pero que no lo hayan tratado no significa que no haya sucedido. Allá ellos con su conciencia editorial.

Tuve la suerte de poder verlos en directo y reafirmar lo que ya sabía: la sátira, la gran bufonada, es necesaria e higiénica. Leo Bassi me dijo una vez que el humor es el gran antídoto contra el miedo. Un país sin sátira está incompleto, receloso y amordazado. Es una disfunción. En otros países lo saben y nos llevan mucha ventaja. Los que se ponen al frente de esa labor merecen todos mis respetos. El Rey de los escenarios se llama Toni Albà, un bicharraco inclasificable. Una bestia genial de teatro que cayó de pequeño en la marmita de la comedia. Brutal. Le rodea una compañía excelente. No me saco el sombrero porque no llevo. «La familia irreal» no dejaba títere con cabeza y sacaba casi todos los trapos sucios de Palacio. Así es como debe ser, ¿no? Si vas a hacer una sátira tibia o condescendiente, no la hagas. El público (sabio, cachondo y de uñas afiladas) lo va a notar y no va a venir.

Pero es que, además, quizá coincidan conmigo en que la actualidad real (y sus alrededores) está suministrando últimamente más material, más guion, del que los propios cómicos pueden absorber e integrar. Es una locura, una catarata constante. El paraíso de los republicanos y la pesadilla de los monárquicos. Los juancarlistas guardan silencio. Algo de eso me comentaron cuando los visité: «No damos abasto, Andreu. Safaris, Corinas, Urdangarines, imputaciones… Van por delante. No descartamos —sostenían— que la Casa Real disponga de guionistas propios que van tramando la historia con grandes golpes de efectos y giros inesperados». No lo creo, pero es una buena visión de cómico. La historia se está precipitando, eso sí, y una cosa lleva a la otra. Le pese a quien le pese. Lo último: la imputación de la Infanta y ese juez Castro, perseverante e implacable, que no ha cejado en su intento de pedir explicaciones, de equiparar a la Infanta con cualquier ciudadano ante la ley. Veremos si lo consigue. Como decíamos el otro día en el programa: «Ya queda menos para el indulto».

«El Berenjenal» en Interviú.

Cara de teatro

Martes, 26 de noviembre de 2013

Soy feliz en el teatro. Esas cosas se notan. Soy feliz cuando se apagan las luces de la normalidad y se encienden las del escenario. Como esta luz roja que pintó el ambiente durante los ensayos de «Espain» un espectáculo con La Shica. Rojo pasión, rojo energía, rojo vida. Durante una hora y media el mundo entra en un paréntesis de música y palabras. Todo es posible. Luego salimos a la calle y todo parece imposible. ¿Cómo no voy a amar el teatro?

«Fotodiario» en El Periódico

Cara de teatro

Espain, la cuenta atrás

Miércoles, 9 de octubre de 2013

ESPAIN, lo nuevo y más grande de La Shica, ya ha entrado en su cuenta atrás. Estrenamos este jueves, tras más de un año de preparativos. He tenido el placer de asistir a un proceso creativo profundo, divertido, intenso y muy enriquecedor. El tipo de trabajo que bendices haber aceptado porque te pone a prueba, te motiva, te abre la mente… La Shica ha luchado todo ese tiempo para tirar adelante su sueño y, ahora, toca presentarlo en sociedad, esperar el resultado, vivirlo y gozarlo. Estoy seguro de que va a hacerlo con la pasión que ella le pone a todo. Si pueden no se lo pierdan. ¡Venga! ¡Otro café!

La Shica

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