Trabajar con un zombi

Viernes, 7 de noviembre de 2014

Como se pueden imaginar, no resulta fácil trabajar con un zombi. Al contrario. Pepe es un tipo simpático pero tiene algo de torpe, de errático y de imprevisible que lo hace interesante y temible al mismo tiempo. He compartido pantalla con todo tipo de colaboradores, pero nunca creí que lo haría con un muerto viviente.

Pepe El Zombi

Renunciar a un premio es como dar una colleja

Jueves, 6 de noviembre de 2014

Cuando alguien renuncia a un premio con argumentos sólidos y honestos, está dando una colleja en toda regla al que lo otorga. Entonces el premio se convierte en un bumerán y también en una ocasión inmejorable para denunciar y poner el dedo en la llaga. Eso es lo que ha hecho el prestigioso músico Jordi Savall cuando se ha negado a recibir el Premio Nacional de Música. Un artista de incuestionable prestigio internacional le ha dicho a Wert y a los suyos que el penoso estado de la cultura no puede enmascararse con los dichosos premios y que no lo quiere. No quiere un premio de un Gobierno que no apoya la cultura. Colleja, bofetón, toque de alerta, llámalo como quieras. ¿Causará algún efecto en la política cultural? Por supuesto que no. En este país todo el mundo se enroca en sus posturas; el diálogo y el contraste está penalizados, y al que discrepa se le coloca en el saco de los enemigos. Así es como se cuartea, se agrieta la realidad. Y no pasa nada, patada y para delante. Un buen ministro llamaría a Savall, sin cámaras, y escucharía sus argumentos, su sombrío pronóstico y hasta sus ideas para sanear y mejorar la cultura. Un buen ministro lo haría. Wert no.

El ejemplo de Concha Velasco
Concha Velasco es un ejemplo andante de dignidad, oficio, simpatía y lucha constante. Yo ya lo sabía, pero los acontecimientos no hacen otra cosa que confirmarlo una y otra vez. Pasó por «En el aire» tras su dura enfermedad y su retorno paulatino a los escenarios. No conozco a ningún invitado que se haga querer tanto como Concha. Usa la autoparodia como terapia, cosa que solo está al alcance de los más grandes. «Mira, me he quedado en nada. He adelgazado doce kilos, pero lo peor es que he perdido cuatro centímetros. ¿Te gusta cómo visto? ¿Estoy en primero de Diane Keaton?». Y allí estaba ella: rejuvenecida, con el aspecto de una joven traviesa, con sus ojos vivos y brillantes de siempre, con una función diaria en el teatro y un libro de memorias que la da un poco de pereza promocionar. Lo entiendo. No es mujer de remover el pasado, «nadie debería hablar de nadie», sino más bien de exprimir y celebrar el presente. Quería reír, dar y recibir cariño. «No me hagas pensar», me pidió. Y le hice caso e intenté decirle por enésima vez que todo el mundo la quiere y que es la más moderna de España. Otra noche inolvidable.

«Ilustres ignorantes» es un ecosistema
Seguramente conocen ustedes «Ilustres ignorantes», de Canal . Aparentemente se trata de un programa de humor, pero, en realidad, yo creo que se trata de un ecosistema propio, una rareza, una excepción, un oasis de comedia en mitad del océano embravecido de la televisión. Tuve la ocasión de asistir como invitado y poder comprobar lo que ya se huele desde el otro lado. Javier Coronas, Pepe Colubi y Javier Cansado gozan de una libertad creativa casi insultante. Se lo pasan bien, se gustan, son unos incorrectos y han encontrado una fórmula equilibrada sin parangón. Cansado pone la veteranía surrealista; Colubi, el humor más lúbrico de bragueta abierta y mente rápida, y Coronas dirige sin dirigir, empaqueta, hace de anfitrión que pasaba por allí. El resultado es un billar mental, un frontón a tres bandas (con invitados) que pasa volando y dinamita toda la tele correcta y resultadista que conocemos. Viven al margen de la competición de audiencias y se nota. Y se disfruta. Como buen ecosistema —buen clima, agua abundante, cosecha reducida y recogida a mano y con cariño—, ofrece buenos frutos, delicatessen, nada de humor a granel. No necesita grandes medios técnicos, ni ruidosas campañas de promoción. Estos minifundistas tienen la clientela perfecta y toda la producción vendida.

«Memorias en diferido» en Interviú

Renée Zellweger ya no es Renée Zellweger

Miércoles, 29 de octubre de 2014

Algo ha salido mal en tu operación de cirugía estética cuando ya no te pareces a la persona que eras antes. Una cosa es que quieras pulir esos defectillos, esa arruga maldita, las patas de gallo, un poquito la papada; pero si cuando te quitan la venda de la cara, te preguntas: «¿Quién demonios es esa?» deberían devolverte el dinero y tu cara de antes. Algo así debe estar pensando Renée, que tiene a Hollywood sorprendido, según la prensa elegante, descojonado, según la cruda realidad. Aquella simpática rubia de ojos rasgados se parece ahora a Antonia Sanjuán, como alguien muy acertadamente publicó en Twitter. ¡Le han abierto los ojos!, como en la peli de Amenábar. Ahora tendrá que hacerse fotos nuevas para toda su documentación porque la van a retener en todas las aduanas. Tendrá que cambiar todos los retratos de casa de sus padres. ¡Que disgusto! Tendrá que volver a presentarse a todos su amigos y muchas cosas más. A la mayoría de nosotros nos gustaría vivir varias vidas en el transcurso de una sola. Esto no era posible hasta que Renée y su equipo de cirujanos lo han conseguido. Ya suenan para el próximo Nobel. El premio, no el tabaco.

Whoopi Goldberg es Whoopi Goldberg
En cambio, Whoopi es Whoopi. Es lo que esperas. Mejora lo que esperas porque, cuando la conoces, descubres esa normalidad, esa sensibilidad de artista que lo ha vivido todo pero a la que le sigue interesando todo. Una sabiduría cotidiana que te permite controlar y domar ese caballo desbocado que debe ser la fama a nivel global. Parece que ella lo sabe y administra su impacto. Lo aprovecha para cosas buenas, sin tonterías. Charlamos un rato, me vestí de cura. «¿Cree en los milagros?», le pregunté. «Pues claro. ¡Estoy aquí!». También quise saber si, después de tantos años, ella es capaz de oler el éxito. Si puede saber que algo será un éxito. «Pues no. Lo que puedo notar es si la gente va a ser feliz, si lo va a pasar bien. Creo que con el musical 'Sister Act' la gente va a ser feliz». «Porque, en realidad, el éxito es eso, ¿no? Ser feliz». «Pues sí». Fue un día inolvidable para mí. Le regalé una pequeña reproducción de la Virgen de Montserrat y se emocionó. Por la tarde se compró un colgante con esa imagen en el Paseo de Gracia y me la enseñó. «La llevaré siempre». Después de la función se dirigió uno a uno a todos los componentes de la compañía. Fue cálida y sincera, y les animó sin dorarles la píldora. Ya la echo de menos.

Pequeño paso para Nicolás, un gran paso para la estupidez humana
Estoy fascinado con el caso del chaval que se coló en el PP, que se hizo pasar por representante de la Casa Real y, en general, se la coló a todos. Nicolás, con su pelazo y su cara presuntamente de empanado, es un error del sistema que ya de por sí es un error. ¿En serio que nadie vio nada raro? ¿Han visto a su abogado? Todo, todo, en el caso Nicolás es un prodigio de estulticia, de ambición mal entendida, de protocolos que fallan, de caricatura del poder, de enfermiza vocación por ser quien no se puede ser. Ya sabemos que este nunca fue un país serio, pero, ¡hombre!, que el chaval parece que venga de una boda y no se haya quitado el traje. Seguiré apasionadamente todos los acontecimientos y novedades sobre el tema. Un compañero de instituto dice en un vídeo que «no puede ser que Nicolás actúe solo. No puede hacer todo eso solo, alguien le ayuda». «Tiene alguien dentro», añadía un amigo mío periodista. «¿Dentro de dónde?», digo yo. Inquietante, apasionante, espeluznante, bochornoso. Espera, que me ha salido un Piqueras. Bueno, ansío que ya hayan comprado los derechos para hacer un telefilme. ¿Se pueden comprar los derechos de la vida de una persona? ¡Vaya pregunta! Uno tiene la sensación de que nuestros derechos los hipotecamos hace tiempo. Y el resultado, si no cambian las cosas, va a ser una peli de terror de serie B. De esas en las que se ven los hilos que mueven a los monstruos.

«Memorias en diferido» en Interviú

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