Extraterrestres en Madrid

Miércoles, 10 de julio de 2013

Claro, estamos tan preocupados con lo nuestro que non nos percatamos de importantes acontecimiento que pasan delante de nuestras narices. En Madrid, cerca de aeropuerto, se halla estacionada una nave alienígena de grandes proporciones. Lleva allí mucho tiempo. Es como una olla al revés. Nadie se ha interesado por ella. Algunos dicen que el ministro Wert ha sido visto entrando por la noche y saliendo por la mañana. Esto explicaría muchas cosas. Una de ellas: no hay vida inteligente fuera de la Tierra.

«Fotodiario» en El Periódico

Extraterrestres en Madrid

Arte o accidente

Viernes, 5 de julio de 2013

Unas manos blancas en la pared de una calle. La imagen tiene algo de Tàpies: color sobre el cemento, textura, simbología… O quizás todo lo contrario: alguien, sencillamente marrano e incívico, que se limpió con lo primero que encontró. Nunca lo sabremos. Menos mal que era pintura. Parecen unas manos pequeñas, con unas yemas de los dedos especialmente grandes, desproporcionadas, como de alien. Va a ser eso: un ser de otro planeta donde no existen los trapos ni el disolvente. Ya están aquí…

«Fotodiario» en El Periódico

Arte o accidente

¿Vacaciones?

Jueves, 4 de julio de 2013

Hubo un tiempo (ya muy lejano) en el que te podías ir de vacaciones más o menos tranquilo porque habías trabajado durante once meses y lo habías dado todo. Ya no digo que tu trabajo fuera bonito, ni tu salario justo, pero habías trabajado y querías/podías parar un poco. Tu cabeza y tu cuerpo te pedían una tregua y sentías que te habías ganado ese paréntesis. Y lo comentabas con tus compañeros, se hacían bromas sobre los destinos, se te notaba un brillo en las miradas, una ilusión más o menos contenida. Había maletas desempolvadas, abiertas de par en par, donde metías todos los deseos para el verano. Deseos en pantalón corto, bañadores, biquinis, pasajes de avión y guías de países lejanos, casi mágicos. Todo eso vibraba en el ambiente, no importaba que unos meses después casi siempre decepcionara un poco el resultado. ¡Era verano!

Ahora no. Las vacaciones han pasado a ser casi clandestinas por una cuestión de pudor. En un país empobrecido y con millones de parados, no es de recibo ir alardeando de vacaciones. La gente lo comenta en voz baja, quitándole importancia, sin ganas de ofender. «Psé… nos vamos unos días, sí… por los niños, más que nada». Eso, el que puede, claro. La mayoría de los españoles van a ver cómo se funden julio y agosto entre ellos tal que un helado en el asfalto. Se difuminarán los límites de las semanas, porque las cuentas corrientes ya lo han hecho. Y volverán los modestos urbanitas a los pueblos, en un viaje un poco forzado a los orígenes. Allí siempre hay un familiar acogedor, mucha naturaleza, un restaurante barato o una playa preciosa en la que no hay que pagar (de momento). Y bocadillos. Muchos bocadillos.
Las Fiestas Mayores seguirán con el cinturón apretado, sin grandes alardes ni dispendios. Los coches saldrán poco a la carretera, se tomará mucho la fresca y se mirará la tele. En ella seguirá la procesión de corruptos entrando y saliendo de los juzgados, argumentando que no saben nada. Sus esposas, todavía menos. Y cada vez anochecerá más temprano y un día hablarán de la «vuelta de vacaciones» y nos preguntaremos cómo puedes volver de un sitio en el que no has estado.

«El Berenjenal» en Interviú.

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