
«iAndreu» en Ara

«iAndreu» en Ara
Ya que, por lo que veo, todos estamos de acuerdo en que el nuevo Papa es muy humilde, me quedo mucho más tranquilo y me permito hablar de otra cosa. Hay más temas, lo juro. A riesgo de quedar como un excéntrico, ahora voy a hablar de algo que me gusta. Miren, en realidad, lo que más me emociona de mi mundo (laboral) es buscar talento. Abrir los ojos y las orejas a todo lo nuevo, sorprendente, rompedor, con futuro. Acercarme a él. A veces captarlo, otras sencillamente disfrutarlo. Así es como me he ganado la vida durante los últimos treinta años. He intentado ser un cómico decente y rodearme de talento. Disfruto mucho más con alguien nuevo y prometedor que con un veterano pagado de sí mismo que te va refregando su biografía continuamente. Me aburre ese tipo de gente. Son pasado. Si algún día me comporto así, dispárenme en una pierna, por favor.
Por eso disfruté como un loco la semana pasada, cuando me tocó presentar en Barcelona El libro rojo de Mongolia, rodeado de sus locos y geniales creadores. Ya hace tiempo que vengo siguiéndolos así como de lejos, no me vayan a soltar un sopapo. (Sí. Tienen mala leche). Son gente moderadamente joven, valiente, incorrecta, incómodamente satírica, visceral y provocadora. ¿Cómo no iba a estar bien con ellos? Encima me invitaron a cenar en un sitio bueno.
Creo, sinceramente, que los de Mongolia han llegado para quedarse, para darnos un baldeo a todos los del gremio y para señalar los nuevos caminos del humor. Cada nuevo número de Mongolia es un pequeño (gran) acontecimiento. Usan bien las redes, cuidan a sus seguidores y saben manejar su ambición. En esta España del cabreo, se han calzado los sombreros de papel de periódico y se han inventado otro país insobornable que solo existe en sus mentes retorcidas y críticas. Mongolia. Puede que no estés de acuerdo con algunas de sus fobias, pero hay que reconocerles el talento y agradecerles su trabajo.
«El Berenjenal» en Interviú.
El azar crea extraños compañeros de viaje. Esto es lo que encontré en una farola de Buenos Aires. Si analizamos las capas, veremos que primero fueron las clases de guitarra. Luego, alguien pensó que el mismo interesado en el instrumento y lo que le rodea podría tener un problema con las drogas. Y lo relacionó sin escrúpulos porque tapó de tal manera el teléfono que es imposible leerlo. Eso es un mal compañero pegador de carteles.
Desconozco si el binomio guitarra-drogas sigue vigente, pero me temo que pertenece al pasado excesivo de los sesenta y los setenta, aquella época en la que muchos se drogaban para viajar y luego descubrieron que no se movían del sitio. Cuando volvían, las cosas estaban peor.
«Fotodiario» en El Periódico


«iAndreu» en Ara
He pasado muchas horas (por cuestiones de trabajo) con una marioneta muy parecida al actual presidente del Gobierno. Tan parecida que se permite hablar en su nombre y, por lo que dice, se diría que lo conoce personalmente, ya que no podrías distinguir cuando habla el muñeco y piensa la persona y viceversa. Así las cosas, tocamos los temas más importantes y «calientes» de las últimas semanas, que no son pocos.
Marianeta salió airosa de todos ellos con esa mezcla de política y carácter gallego, tan idónea para no venir a decir nada. Cuando ya terminábamos y, con las cámaras desconectadas, le pregunté: «¿Es usted optimista?». «Sí», dijo automáticamente. «Por tres razones: la primera es que siempre quedas bien diciendo que lo eres. La segunda es que no cuesta dinero serlo, y la tercera es que, mire usted, no nos queda más remedio tal y como estamos». Y añadió: «Siempre, siempre, hay que mirar hacia arriba, hacia la luz». Horas después cayó un meteorito.
«Fotodiario» en El Periódico
