Esto no es (B)ida

Domingo, 17 de febrero de 2013

No sé cómo funcionan de verdad los países. No sabría decir qué los cohesiona, cuál es la materia común que crea un vínculo entre los ciudadanos que viven dentro de esos países, pagando sus impuestos, alegrándose, sufriendo, soñando… En realidad, el concepto de país está ahora más en entredicho que nunca. Muchos lo explican como un sentimiento, y ahí es donde empiezan (y nunca acaban) algunos de los debates que marcan los tiempos actuales.

Lo que no podemos negar es que, en estos momentos, pertenecemos administrativamente a un Estado llamado España, «un lugar de desencuentro», como escribe Albert Sánchez Piñol en su reciente y brillante novela «Victus». Y España, ahora, solo tiene algo común entre todos sus habitantes: el cabreo. España está herida de gravedad con el escándalo de los famosos papeles de Bárcenas que salpican al partido en el Gobierno, empezando por su presidente.
Así no se puede (B)ivir.

Me sorprende la vehemencia, la contundencia con la que los afectados lo niegan todo. Si esto fuera una partida de póquer, puede decirse que los del PP van con todo, a muerte. Así que si se demuestra que van de farol, no les quedará otro remedio que irse en bloque. Cuando juegas tan fuerte, debes ser consciente de las consecuencias. La primera ya la estamos viendo: hartazgo y cabreo máximo de la población.

Yo creo que se prepara una primavera caliente como no hemos visto todavía. Aquellas pancartas donde se leía «No es una crisis, es una estafa» eran desgraciadamente proféticas. Mientras se pregonan y se aplican los recortes y la austeridad, unos señores, ¡en el Gobierno!, se lo llevaban crudo. ¡Esto no es vida! Con v y con b de bochorno. Mariano podría haber reconocido mamoneo en su partido (como en todos) y comprometerse a depurar inmediatamente. Podría haber pedido perdón y ponerse a trabajar desde ya, para recuperar lo que queda de confianza en la clase política. En lugar de eso, no dio la cara, salió dentro de una televisión y lo negó todo mientras le temblaba la voz. No es un hombre de Estado, y ahora los frágiles y cuestionados Estados necesitan hombres de verdad.

«El Berenjenal» en Interviú.

El futuro

Sábado, 16 de febrero de 2013

Si hacemos caso de todas las previsiones más o menos razonables, el futuro que nos espera para 2013 y en adelante bien podría tener este aspecto. El camino que nos lleva hacia ese futuro sigue siendo de subida y zigzagueante: hoy vamos bien, mañana vamos mal, y viceversa. O sea que habrá que seguir sudando y dudando.

Parece un camino poco cuidado, apenas transitado, donde brotan malas hierbas, se nota la humedad y no se ve el final. En realidad todos los futuros se parecen porque no existen como tales, se construyen y se destruyen cada día y no tienen un final claro. Si tuvieran final, se llamarían «destino».

Según esta foto de la que estoy extrayendo las metáforas, en el futuro el tiempo será inestable. El cielo es azul pero las nubes oscuras se encargan de afear el horizonte. Habrá que ir tapados. Ya sé: los optimistas verán aire libre, todo por hacer y naturaleza. Los pesimistas, todo lo dicho antes. Conclusión: el futuro somos nosotros mismos. Con nuestras cosas buenas y nuestras cosas peores. Así es la vida. ¿No?

«Fotodiario» en El Periódico

El futuro

Bayona salta

Lunes, 11 de febrero de 2013

Ahí está el afamado director de cine J. Bayona, practicando un salto ágil y preciso por encima de un sofá. Estábamos grabando la pieza de entrada de los últimos Premis Gaudí de cine que tan buen recuerdo nos han dejado. Gracias a todos por los elogios. He llegado a pensar en hacer solo galas de grandes eventos. (No, es broma) ¿La verdad? Pues la verdad es un placer y un honor que te permitan «jugar» a hacer cine para los del cine.

Es muy emocionante comprobar que los profesionales del sector se apunten a ese juego, poniendo su colaboración al servicio del espectáculo. No importan las horas de rodaje, ni los ensayos, ni las inclemencias. El día del salto del sofá, J. Bayona estaba acabando su maratoniana promoción internacional de «Lo imposible». (¡Incomprensible como no está en más categorías de los Oscar!), pero tuvo un rato para apoyarnos. Y yo se lo agradezco. Todos lo hacemos. Y a su hermano Carlos que tuvo que trabajar mucho más.

En momentos así entiendes porque el cine engancha. Porque hay una camaradería intrínseca que está por encima del supuesto glamour. Hay una emoción de estar creando algo único que comparten todos los que participan en este oficio, mucho más artesano y vocacional de lo que pueda parecer. Cuando Bayona vino dispuesto a todo, no hizo sino confirmar lo que ya sospechaba: estos del cine son unos locos maravillosos. Una última metáfora para terminar: Bayona es el Xavi Hernández del cine.

Bayona salta

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