Cómo comportarse
ante la tragedia

Jueves, 1 de agosto de 2013

La tragedia es ese manto oscuro, una cortina translúcida de tristeza que llega sin avisar y transforma la vida, lo cambia todo. La tragedia es la expresión más radical del dolor colectivo que anula la alegría (se diría que la ahoga) y nos pone ese nudo en el estómago, nos recuerda nuestra fragilidad, nuestra vulnerabilidad. No nos merecemos la tragedia. Nadie se la merece, y cuando aparece, araña nuestra alma con sus garras y no sabemos qué hacer. Nos desenfoca, nos distorsiona, nos altera... La maldita curva a cuatro kilómetros de Santiago se ha convertido en el epicentro de esa tragedia indeseada. Alguien me decía por Twitter: "Cada día hay cientos de tragedias en el mundo". Sí, vale, pero el ser humano no puede gestionar tanto dolor y es normal que le afecten las más cercanas y piense: "Podía haber sido yo". Esa diabólica lotería. Como también es normal que se busquen explicaciones en este mundo actual tan inmediato e interconectado. "¿Por qué corría tanto ese tren en una zona limitada?". En las mismas redes aparecieron mensajes de sensatez. "No al linchamiento del maquinista". "No al juicio prematuro y sin toda la información". Estoy de acuerdo y me parece un signo de madurez social que se expresara todo eso y que se hiciera todavía con las ambulancias yendo y viniendo.

Así lo pensé. Ahora creo que quizás me equivoque re tuiteando una información donde se publicaban fotos y comentarios sobre el gozo de la velocidad en Facebook, por parte del mismo maquinista meses atrás. Una página que se borró tras el suceso. Confieso que no había ningún ánimo de linchamiento. Yo no soy así, ni la mayoría de la gente es así. Tampoco creo que el diario en cuestión lo pretendiera. Se trataba, se trata, de buscar esas explicaciones, de explicar lo inexplicable. "¿Por qué corría tanto ese tren?". Como si la explicación calmara el dolor, cosa que no es cierta, pero, insisto, está en nuestra condición humana. Todo volverá a una normalidad, pero no sirve esa palabra. Normalidad. Ya nada será normal para cientos de personas. Por el respeto a las víctimas, además de nuestro apoyo, quizás podríamos revisar cómo nos comportamos ante las tragedias. Todos: ciudadanos, periodistas, políticos... Todos.

"El Berenjenal" en Interviú.

Los malos de la película

Sábado, 1 de junio de 2013

Me las prometía yo tan felices (o infelices, según se mire). Tenía preparado mi artículo de hoy dedicado a José Mourinho y al impagable reguero de bilis y mal rollo que deja como herencia tras su paso por el fútbol español. Hablaba de esa sensación de alivio que te queda cuando alguien tóxico desaparece de tu cotidianidad. Mou iba de malo, pero hasta para ser un buen malo hay que valer. Bueno, pues estaba encarando el teclado cuando aparece Aznar en Antena 3 (¡qué cara, qué miedo!) y planta su chiringuito de autobombo, críticas al Gobierno actual y demás armas de seducción masiva. ¡Lo que faltaba! Otro que va de malo, de estadista austero y responsable y que, por supuesto, padece amnesia parcial e interesada.

Porque cuando Aznar habla de su etapa al frente del Gobierno y del crecimiento de la economía en aquella época, lo hace sin rubor. Lo pone como garantía, como crédito para su hipotético retorno sin importarle las hemerotecas. ¿O es que no nos acordamos de cómo se fraguó la burbuja inmobiliaria? Su Gobierno fue el que abrió el grifo neocapitalista a saco, con sus leyes, sus privatizaciones, trapicheos, amigos de pupitre y demás mandangas. Él estaba en el trío de las Azores, de infausto recuerdo. Fue entonces, durante aquel festín desbocado e impúdico, cuando los políticos se vinieron arriba con sus ambiciones y choriceos.

Mucho de aquel desaguisado lo estamos pagando ahora, con Zapatero de por medio (cronológicamente), que no supo frenar aquella orgía decadente. A Mariano le ha tocado lo peor: gestionar esa ruinosa herencia en mitad de un cataclismo económico global. Ahora Aznar nos propone volver a la casilla de salida. Sí, claro... Y una cosa más: no me creo a Aznar cuando discrepa de su propio partido y va de renovador y valedor de los orígenes y la pureza. ¡Qué va! Eso lo tienen hablado entre ellos, a raíz del enorme deterioro del PP. Va a ser un ¿dónde está la bolita? para mantener a flote y al alza a los populares. Hay demasiado en juego como para dejar a Mariano hundiéndose lentamente como el capitán del Titanic.

"El Berenjenal" en Interviú.

El túnel

Jueves, 16 de mayo de 2013

El túnel

El Wyoming

Viernes, 26 de abril de 2013

Una vez besé a Wyoming en los labios y ante toda España. No sentí nada. No es mi tipo de hombre. Bueno, en realidad, ningún hombre es mi tipo de hombre en ese aspecto. Es lo que tiene ser heterosexual. Otra cosa, muy diferente, es el atractivo profesional, el magnetismo. En ese sentido, estoy rendidamente enamorado del hombre de la nariz imposible a lo Buñuel.

Hace unos días, pasé (literalmente) por "El intermedio". Ellos anunciaban que yo pasaría, y llegado el momento, extendieron una alfombra y, en efecto, pasé. Pasé de largo. No engañamos a nadie. Al día siguiente charlamos un rato. Todo eso vino a raíz de una petición que yo le hice antes: le invité a un documental que estoy rodando hace meses sobre el sentido y los efectos de la comedia. Ya les pegaré el rollo sobre eso...

Lo que hoy quería subrayar es el inmenso y decisivo papel que está jugando el programa "El intermedio" en estos delicados momentos. Ha tenido que ser un espacio originariamente pensado para la risa el que se haya convertido en el verdadero informativo que suelta verdades como puños y saca los colores de la enloquecida clase política. "El intermedio" tiene un equipazo, que capitanea Maikol Sánchez-Romero, el corazón del guión. Porque sin guión, sin preparación, sin trabajo, sin una tesis que hay que regar cada día, no tienes nada.

Hacía tiempo que no pisaba un plató y fue un gustazo hacerlo en el mejor de todos, el más conectado a la realidad, el más arriesgado. Wyoming lo mejora todo y él lo sabe y lo agradece. Creo que incluso sabe que su papel ahora es más necesario que nunca. Es bueno comprobar que lleva esa enorme responsabilidad con frescura a pesar del peso. Por eso lleva tirantes.

"El Berenjenal" en Interviú.

Nada

Viernes, 21 de diciembre de 2012

Al final, nada de nada. Fracaso del fin del mundo como apocalipsis, a pesar de haber ensayado los últimos cuatro años. Mal. Muy mal.

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