Hallazgo

Miércoles, 6 de octubre de 2010

Una mañana, por casualidad, hice un importante hallazgo botánico. Esta hierba del camino ha visto como le florecían unas extrañas bolsas. No me digan que no parecen los testículos de seres de otras galaxias. Estoy pensando el nombre que le voy a poner y escribiré a la revista «Nature». Estos días se dan los premios Nobel, ¿no?

Hallazgo

El profeta en su tierra

Martes, 5 de octubre de 2010

Daba gusto ver el teatro Coliseum de Barcelona, el pasado fin de semana. Berto cerró su gira de «La apoteosis necia» y arrasó los tres días. Más de cuatro mil personas (me incluyo), fuimos a verle. ¿Y qué vimos? Pues posiblemente uno de los mejores espectáculos de humor del país en estos momentos. Divertido, ingenioso, compacto, sorprendente y maduro. Berto se ha coronado en su casa, profeta en la Gran Vía. Y se lo merece. Lo digo yo que le conozco mucho. Respeta al público, se lo curra y lo deja todo en el escenario. Luego se marcha a casa «que estoy un poco cansado». Me alegro por mi compañero y me imagino su futuro. Es inmenso. Todo lo que él quiera.

El profeta en su tierra

Pedazo de persecución

Lunes, 4 de octubre de 2010

En 1968, no había 3D ni mandangas. Se hacía cine con las tripas. La peli «Bullitt», con Steve McQueen es una buena prueba de ello. Ahí va una escena de persecución, rodada en la mítica San Francisco. La hacen en España en 2010 y acaban con todos los puntos de la DGT. McQueen: ¡¡¡¡¡qué claaaaaaase!!!!!

La moto y la gente

Viernes, 1 de octubre de 2010

Esta ha sido una semana en la que (otra vez), nos hemos sentido queridos, conectados y respetados por la gente. Nuestra gente, los espectadores, los mejores…

Se me ocurrió decir que me habían robado la moto en Twitter y se lió parda. La encontré cuatro días después. Estoy alucinado. ¿Alguien duda todavía del enorme poder de las redes sociales y la generosidad de la gente?

La moto y la gente

Rata y perro

Jueves, 30 de septiembre de 2010

Se me ocurrió rastrear en mis archivos de fotos. Es lo que tiene disparar todo el rato y guardarlo. Me encontré con una que me asombró en su momento y de la que no me acordaba. Mi perro de entonces, Big, alucinando con los gráciles saltitos de una rata de ciudad que, lógicamente, consiguió escaparse.

Por eso llevo la cámara siempre encima.
Rata y perro

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