Esta noche empieza el programa. «EN EL AIRE» se llama. No recuerdo haber hecho tanta promoción en toda mi carrera. Si todos los que dicen que lo van a ver cumplen, podremos estar más que satisfechos. Porque la tele la haces para que la vean. Bueno, primero la haces (al menos en mi caso) porque me lo paso muy bien, me completa, me divierte, me reúne con mis amigos y un montón de cosas más. Luego viene lo demás. Lo de conseguir que mucha gente se arremoline ante la tele a esas horas golfas, para que el sueño siga y siga. Eso es lo que deseamos en estos momentos, cuando el reloj del plató ha empezado una vertiginosa cuenta atrás. Volvemos. Empieza el baile otra vez, chicos.
En el aire
Vitoria ama la televisión
Este es un articulo escrito desde la emoción. Osea: totalmente subjetivo e influenciado. Ahora que lo pienso, como todos los artículos vamos, porque se supone que para eso nos pagan, para escribir lo que opinamos, lo que nos dictan las tripas con el mínimo de filtros posibles.
Quiero hablar de Vitoria, de su FESTVAL de Televisión, donde hace unos días tuve el tremendo orgullo de recibir un premio, de sentirme querido y respetado y de, comprobar, que aman la televisión. Claro, esto te marca y voy a estar agradecido de por vida. Todo el mundo quiere que le quieran, esto es así. Se trata, además, del principio activo que mueve a todos los artistas: «Querer ser querido, querer gustar». En efecto, trabajamos con la parte más blanca de ese monstruo llamado ego al que hay que saber dominar. Sin ego, sin ganas de gustar, de recibir cariño y de devolverlo actuando, vale más que te quedes en casa. Por eso te emociona vivir unas horas en las aguas calientes y acogedoras del FESTVAL que, después de cinco años, se ha convertido en la gran cita, el gran escaparate de la televisión en España. Se dan premios, se dan charlas, se debate, se reconoce, se «celebra» la televisión. Y eso está muy bien porque mi oficio (como tantos) vive siempre bordeando el descrédito y la banalización. Buena parte de culpa la tiene la maldita crisis. Menos dinero de publicidad igual a menos inversión, igual a menos riesgos, igual a televisión de batalla, de gran consumo. Cuando la pobreza entra por la puerta, la calidad salta por la ventana.
La televisión se mete en millones de hogares, coloniza su ocio y eso es algo muy serio. Vitoria lo sabe, ha dado primero y ha dado fuerte. Mi felicitación para todos ellos, mi modesto consejo de que no solo celebren si no que cuestionen, empujen, aviven el fuego de la creación y la calidad. Estoy convencido de que lo van a hacer. Cuando recibí el premio dije de todo corazón que cambiaba todas las buenas palabras por tener programa el lunes. Porque creo que las cosas se arreglan y se mejoran trabajando en ellas. Y en eso estoy, aunque no es fácil. Era mi manera de decir que amo este oficio, que me cabrea cuando hace cosas que no me gusta, que me estremece cuando me sorprende positivamente , que me subleva cuando lo veo en manos de desaprensivos y que creo fervientemente en su brillante futuro. Depende de nosotros. Como siempre.
Fotografías de FestVal
Dedicado (con cariño)
A todos aquellos que siguen creyendo que la música en televisión no funciona.
Bayona salta
Ahí está el afamado director de cine J. Bayona, practicando un salto ágil y preciso por encima de un sofá. Estábamos grabando la pieza de entrada de los últimos Premis Gaudí de cine que tan buen recuerdo nos han dejado. Gracias a todos por los elogios. He llegado a pensar en hacer solo galas de grandes eventos. (No, es broma) ¿La verdad? Pues la verdad es un placer y un honor que te permitan «jugar» a hacer cine para los del cine.
Es muy emocionante comprobar que los profesionales del sector se apunten a ese juego, poniendo su colaboración al servicio del espectáculo. No importan las horas de rodaje, ni los ensayos, ni las inclemencias. El día del salto del sofá, J. Bayona estaba acabando su maratoniana promoción internacional de «Lo imposible». (¡Incomprensible como no está en más categorías de los Oscar!), pero tuvo un rato para apoyarnos. Y yo se lo agradezco. Todos lo hacemos. Y a su hermano Carlos que tuvo que trabajar mucho más.
En momentos así entiendes porque el cine engancha. Porque hay una camaradería intrínseca que está por encima del supuesto glamour. Hay una emoción de estar creando algo único que comparten todos los que participan en este oficio, mucho más artesano y vocacional de lo que pueda parecer. Cuando Bayona vino dispuesto a todo, no hizo sino confirmar lo que ya sospechaba: estos del cine son unos locos maravillosos. Una última metáfora para terminar: Bayona es el Xavi Hernández del cine.
Los premios Gaudí
Hoy estoy cansado pero contento. Siento esa satisfacción que compensa el esfuerzo, algo muy agradable. Anoche hicimos la quinta edición de los Premis Gaudí del Cinema Català y creo, sinceramente, que quedó muy bien. No era fácil. Nada es fácil. Debo compartir el buen resultado de la gala con el enorme talento de todos los que me han rodeado.
Una gala de estas características es un verdadero enjambre de profesionales que se dejan hasta el último aliento en favor del espectáculo. Es como construir un barco que solo navegará unas horas. Una locura. La lista es muy larga: desde los jóvenes brillantes del ESCAC con los que rodamos el corto de entrada, hasta los equipos técnicos, de guión, vestuario, maquillaje, producción y muchos más. La situación actual no permite la contratación de un gran número de profesionales, así que la presión sobre los escogidos se multiplica. Otro reto (superado) para todos ellos. Gracias a todos los actores y directores que «jugaron» con nosotros, a TV3 por redoblar su apuesta televisiva y, sobretodo, a la Academia Catalana del Cinema por confiar en EL TERRAT. La verdad es que llevamos un buen número de eventos de estos. ¿Nos estaremos especializando?
Yo me lo pasé muy bien. Volví a sentir ese cosquilleo (una mezcla de adrenalina, nervios y emoción) de las buenas noches televisivas. Es lo que más me gusta en este mundo. Lo mejor es haber gustado a la gente del cine catalán porque de eso se trataba. Era su fiesta. Misión cumplida. Recuperé un Gaudí de chocolate, dije lo que quise, me puse el traje azul más feo de la historia y tuve la sensación de estar en el sitio adecuado, con el equipo perfecto y ante un público amigo. Pensé que me tomaría un día de descanso y es lo único que no voy a cumplir. Hace un día maravilloso en Barcelona, la comedia me ha rejuvenecido un poco y voy a «aprovechar» el tirón emocional. Gràcies a tots!!! Y ahora ¿qué hay que hacer?