La leyenda cotidiana

Jueves, 20 de mayo de 2021

Minutos antes del programa, Miguel Ríos pasó por delante de mi camerino. Yo tenía la puerta abierta como siempre. «¡Anda, una Gibson!». Entró y la tocó un poco. Está estudiando este instrumento.

Así es Miguel: no tiene edad, porque tiene curiosidad. «Es el más moderno de todos», les dije hace tiempo a mis compañeros de la banda. Esta conectado con el mundo, sigue interesado, activo, pendiente de todo. Por eso no tiene edad. Y por eso ha sacado un disco nuevo doce años después de anunciar que lo dejaba, que las giras y el trajín asociado no le llenaban del todo o le cansaban demasiado. Estoy muy contento por ello.

Hay algo luminoso y esperanzador cuando un referente sigue activo y en contacto con el público. Me sentía feliz al verle pasar el día con nosotros. Ensayando, esquivando los nervios, currando y disfrutando. «Quiero venir con la banda a hacer un tema», me dijo al marcharse. La leyenda cotidiana ha vuelto.

Miguel Ríos

La época

Viernes, 5 de febrero de 2021

Esta es la época en la que nos toca vivir (y trabajar). A pesar de la cara, es un honor poder aportar un granito de honor para frenar el desánimo comprensible, la aplastante rutina de malas noticias y ese futuro que uno no sabe como será. Este es mí camerino. Cuando salgo, todos y todas remamos para que el programa salga otra noche a navegar. Cuidaos mucho. ¡¡¡Seguimos!!!

Mi camerino

Recibimiento

Miércoles, 2 de diciembre de 2020

Así te recibe Raúl Cimas en el programa. Una presencia imponente acorde con su talento. «¿Qué pasa?» —le preguntó el productor Xen Subirats— «¿Vienes de comer calçots?». Raúl no dijo ni que sí ni que no.

Así te recibe Raúl Cimas en el programa.

La lección

Miércoles, 18 de noviembre de 2020

Siempre decimos que hay que saber reírse de uno mismo como si eso fuera fácil. No lo es ni mucho menos. El pudor, la autoestima, esa tendencia de estar a la defensiva o vete tú a saber qué otros resortes, actúan como frenos y lo hacen muy difícil a veces contra nuestra voluntad.

Aunque finjamos que sí, que somos tolerantes y autoparódicos, a menudo no lo somos. Por eso, cuando Ferran Adrià aceptó entrar en el juego de sorprenderme, de venir a Madrid en plena pandemia para entrar al trapo, me demostró (otra vez) su grandeza. Sabía que yo le parodiaba y no le importó. «Mira lo cabreado que estoy», decía sonriendo. Y yo, como cómico un poco cobarde que soy, me quedé en paz.

Los cómicos nos desatamos trabajando pero nos cortamos ante los parodiados. Es así. De lo contrario estaríamos locos, rayando la psicopatía.

Adrià puso todas las piezas en su sitio. Restableció el orden, justificó la comedia, me dió paz y alas. Por eso es uno de los más grandes que he conocido. «¿Shalha o shopa?»

Ferran Adrià y Andreu Buenafuente

La felicidad

Viernes, 18 de septiembre de 2020

Nadie sabe qué es exactamente la felicidad. Algunos, incluso, especulan con la posibilidad de que no exista. Sea como sea, esta semana he rozado algo parecido a la felicidad.

Después de que el Ministro de Cultura me llamara para informarme de que había ganado el Premio Nacional de Televisión, me siento como si me hubiera atropellado un camión de buenos sentimientos, cariño y reconocimiento. Así es como lo he vivido: desbordado y muy agradecido. Lo he contado como he podido, poniendo especial énfasis en el trabajo de equipo, en el viaje compartido de tantos años. Es un premio, de verdad, para todos los que trabajamos mano a mano, risa a risa.

Uno de mis vicios son los diarios escritos y dibujados. No sé cuantos tendré en marcha. Esta foto corresponde a una libreta donde cada día (si me acuerdo) dibujo una cara. Algo rápido, cuatro trazos. La cara de estos días es la que se ve.

GRACIAS OTRA VEZ.

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