Me encanta cuando el programa entra en la vida de la gente. Entra en la vida con su permiso y su colaboración. Sin morbos, ni pornografía sentimental. Ahora lo llaman teleralidad, pero tengo la impresión que los de El Terrat venimos haciéndolo hace mucho tiempo, quizás sin saberlo, en su vertiente más divertida y agradable. La gente tiene una verdad que engancha.

Este sería el último ejemplo: contactamos con Silvia a través de la sección «Le puedo ayudar en algo», con la ayuda de las nuevas tecnologías. Así es como Silvia apareció en pantalla por la webcam, desde su casa en Connecticut. «Me haría ilusión comer jamón». Dicho y hecho. Le mandamos un jamón a su casa. Y pan de pagès y tomates, para que recordara su añorada Catalunya. Estos son unos momentos televisivos que me encantan.

De repente, la tele puede cambiar las cosas e incluso mejorarlas. Como lo de ayer, cuando mandamos a un espectador a Los Angeles para ver el retorno de Eagles. Se lleva a un amigo «el desviado» y una cámara. Cuando vuelva, lo veremos. Si es que vuelve. «Igual me quedo, ¡eh!», me dijo el Tete.

Enviar un jamón
Boadella no vendrá
Hola Albert,
he parlat amb l’Albert Boadella, us agraeix la invitació però prefereix no acceptar-la, no és el tipus de programa on se senti a gust. Gràcies per l’interés, salutacions cordiales,
Cristina Ferrández
Els Joglars
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Hola Cris,
gràcies per la sinceritat. Un dels grans enigmes de la humanitat, és saber on es troba a gust Albert Boadella.
Fins sempre.
Andreu Buenafuente
El Terrat
Bravo por Millás
Desde siempre (que yo recuerde), he sido un fan de Juan José Millás. Me parece uno de los escritores más originales, uno de los columnistas más sinceros y directos, uno de los periodistas más honestos y un colaborador brillante de radio. Lo creo sinceramente y no pierdo ocasión de proclamarlo.
De repente lo oigo en «La ventana» de la ser y tengo que mandarle un sms a Gemma Nierga felicitándola. ¡Es brillante y sorprende! Para mí es tan importante una cosa, como la otra. Piensen en comunicadores que les sorprendan. ¿A qué hay pocos? Pues eso. Cuando estás al lado de Millás, sientes el aire de la genialidad, de lo irrepetible y del talento. Es una sensación gratificante. Me pidió que le presentara su último libro «Laura y Julio» en Barcelona y fui con fiebre. No podía perdérmelo.

Me encanta que haya ganado el Planeta, a pesar de que cada vez creo menos en los premios. Puestos a darlos, mejor que se lo lleve un creador que no nos defraudará, que se compromete con lo que cree, que dice lo que piensa y que ha hermanado en su narrativa, la literatura y el periodismo como muy pocos lo han conseguido en lengua española. ¡Que lo disfrutes Juanjo!
En cuanto a Boris Izaguirre, reconozco que me va a costar «creerme» su novela, por el recuerdo demoledor de aquellas noches marcianas de pantalón (y calzoncillo) bajados. Pero lo voy a intentar para no quedarme instalado en el prejuicio. A mi también me encantan las frivolidades, pero enseñar el cacahuete, encima de una mesa, supera todos mis limites. Me leeré los dos libros. Los dos me caen bien. «Somos como Batman y Robin», dijó Boris ayer en el programa. Fue un momento televisivo tenerlos a los dos. Una gozada.
Luis Aragonés y las cámaras ocultas
Las cosas se ponen en su sitio. Ayer escuché El Larguero y José Ramón de la Morena, le puntualizaba a su corresponsal con la selección española que de cámara oculta nada. Me pareció bien y justo y se lo he dicho. El Follonero consiguió una exclusiva con la rajada sobre Raúl, porque estaba allí (sin poder entrar a la rueda de prensa), con un pedazo de cámara que Aragonés no vio y mira que era grande. Que no lo veas, no significa que esté oculta. La matización de José Ramón de la Morena tiene valor porque se desmarca de esa tendencia tan española de «la exclusiva es de otros, por lo tanto no existe». Es muy típico. Lo notamos ahora que estamos en laSexta y, de repente se retiran, por arte de magia, algunos apoyos anteriores, por política de empresa. Que triste y que falta de profesionalidad.
Una vez me dijo un gran periodista : «La peor censura que existe, es la que marca el dueño de la cabecera». Entonces no lo entendí. Ahora sí. Yo creo que todo esto son «collonades», como decía Josep Plá. A la audiencia, le trae al fresco la guerra de medios. Tan solo ven que es ridículo no poder saber TODO lo que pasa. Los profesionales deberíamos estar al margen de las estrategias y rabietas de nuestros jefes/empresarios. Yo, que no soy gran cosa, jamás toleraría que me dijeran «esto ignóralo que no es nuestro» o «no vamos a traer a éste o decir esto porque le hacemos un favor a tal o cual». Es una mezquindad. Mi único compromiso es con la audiencia a la que le debemos imparcialidad y honestidad. Nuestra libertad es su libertad. Suena muy grandilocuente pero es lo que hay.
En momentos de presunta «crisis» entre medios (repito: la gente ni se entera), se comprueba la catadura moral y ética de los profesionales. Que cada cual duerma como pueda.
¿Y Aragonés? Pues es un buen técnico, con malos modales. Un sabio despistado que no lee los tiempos actuales. Y ya está. Por cierto: El Follonero es el mejor reportero del país en estos momentos. Y no va oculto. Da la cara, dispara verdades y se ríe de TODO.
El placer de hacer televisión
La que quieres, la que sientes, la que tienes ganas de hacer. El placer de recibir a Joaquin Sabina y Serrat (que no necesitan promoción alguna, con todas las entradas vendidas) y babear con una actuación acústica. Porque sí. Porque nos conocemos desde hace años y saben y aprecian nuestro amor por la música. El placer de recibir a Ricardo Darín , el actor que nos emociona en la pantalla, y jugar y charlar con él. Darín es bueno, generoso y buen compañero. Los que repiten se convierten en amigos y cómplices. Nos acreditan. El placer de unos actores que ganan confianza día a día, que salen a darlo todo, que arriesgan, que respetan a un público entregado y cariñoso. Todo eso y , mucho más, es lo que sentimos anoche en el programa.
Salimos y un compañero me dijo: «Esto justifica todos nuestros esfuerzos». Y tiene razón. El placer del resultado final, el subidón de comprobar que se puede hacer la tele con buenos mimbres, justifica todos los anhelos e ilusiones de un equipazo de primera división. Es una cuestión de tiempo. Tanta energía positiva, sólo puede traernos buenos resultados. Y no hablo del share. ¿En laSexta? Pues, en laSexta. Estaremos donde podamos hacer lo que nos gusta hacer. Anoche todo tuvo una sencilla y emotiva explicación: el placer de hacer televisión.