He estado en el cielo y en el infierno

Jueves, 28 de abril de 2011

Se llama Madagascar y es uno de los países más pobres del mundo. Una isla gigante llena de desheredados del mal llamado primer mundo. Fuimos a ver como trabaja sobre el terreno la organización Yamuna, con la que vengo colaborando activamente desde hace bastante tiempo. A pesar de que colaboro con varias asociaciones, decidí concentrarme en una para entender y vivir una realidad apasionante: dedicar tu esfuerzo y tu tiempo, para mejorar una pequeña parte de la sociedad. Y Yamuna no me ha defraudado. Al contrario. La dignidad y profesionalidad con la que trabajan en su sede de Antananarivo, me emocionó y me dejó con la boca abierta. Si podéis, echadle un vistazo a su web y si os animáis, podéis colaborar como yo hago, en la medida que cada uno pueda.

En Madagascar

Estuve en este oasis, lleno de niños con futuro, y en las calles polvorientas, sucias y desatendidas de la ciudad. El cielo y el infierno. La vida es demasiado injusta con personas que no tienen ninguna culpa. Sencillamente nacieron allí. Servir de altavoz para Yamuna y sus logros, ya ha pasado a ser una obligación para mi.

Mi manifiesto

Martes, 26 de abril de 2011

No hay nada mejor que tomar distancia de las cosas, para darle el valor y la importancia que tienen. No estoy cabreado, ni siento amenazada o coartada mi libertad. ¡Faltaría más! Estos días de vacaciones me han servido para pensar un poco (muy recomendable) y voy a internar resumirlo. Esto no tiene más pretensión que dejar claro lo que pienso y agradecer todas las muestras de apoyo. Seguiré haciendo lo que sé hacer, para la gente que quiera seguirlo y con más ilusión que nunca.

—Las redes sociales son importantes pero no son el centro del universo. Son una herramienta más de la revolución tecnológica.

—Tenemos mucha tecnología a nuestro alcance pero se nos ha acabado la paciencia, las ganas de escuchar, debatir y enriquecernos. Nos vale con el ruido, el nuevo opio para estos tiempos encabronados.

—El ruido no cambia las cosas. La acción, sí.

—»Seguir» a alguien en una red social no debe ser sinónimo de acoso o coacción. La libertad de expresión está por encima de todo y de todos.

—El anonimato es la máscara de los cobardes. El insulto, su única manera fácil de expresarse.

—Los que me atacan no me conocen, ni yo los quiero conocer.

—¿Para qué y cómo usaremos tanta tecnología?

—Podremos ser una sociedad interconectada y justa, que reclama información libre a la vez que da voz y oportunidades, o una red de ociosos burgueses quejicas e intolerantes. De nosotros, depende.

—Haríamos bien en invertir toda esa rabia que circula por internet, en salir a la calle, movilizarnos, decirles a los culpables de la crisis que no tragamos.

—Hay que mover más el culo y menos el ratón del ordenador. ¿Hacen falta más ejemplos de revoluciones, de gritos populares por una sociedad más equilibrada?

—Hay más gente buena que mala. Siempre ha sido así y siempre lo será. Yo trabajo para los buenos.

—Los periodistas (o lo que queda de ellos) están embobados con las redes. Utilizan las «entradas» como noticias (la mayoría de veces es mera cotidianidad) y no se molestan en confirmar o documentar. Una prueba más de la decadencia errática de la profesión.

—La nueva censura son los intereses empresariales de las empresas de comunicación.

—Búscate las fuentes de información. Aplica tu sentido común, selecciona y acércate a la verdad.

—Y, por último, recuerda: mucho mejor un buen arroz con los amigos de verdad que dos horas en internet.

Andreu Buenafuente
2011

Otro Sant Jordi, más cariño

Lunes, 25 de abril de 2011

Otra jornada del día del libro en Catalunya, el mítico Sant Jordi, el día de la gente, de los libros, de las rosas, del buen rollo.
Y ahí estaban, otra vez, montones de buenos seguidores, haciendo cola para recibir una firma, para compartir unos instantes, para renovar ese pacto que nos mantiene vivos. Porque los seguidores, vosotros, sois toda la razón de nuestro trabajo. Ni «twitters», ni audiencias, ni estrategias, ni márketing, ni nada. La gente para la que trabajo desde 1989, que es cuando me convertí involuntariamente en cómico, o presentador o comunicador o lo que sea.

Sant Jordi 2011

Le pregunté a este seguidor si podía usar su foto. «Vale». Me gustaba su camiseta, su manera de no pedir nada importante: solo una firma, un mero contacto. Con esas toneladas de cariño he vuelto a considerarme un afortunado y capaz de afrontar los mayores retos. Gracias a todos. Juntos podemos con todo.

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