La lección

Miércoles, 18 de noviembre de 2020

Siempre decimos que hay que saber reírse de uno mismo como si eso fuera fácil. No lo es ni mucho menos. El pudor, la autoestima, esa tendencia de estar a la defensiva o vete tú a saber qué otros resortes, actúan como frenos y lo hacen muy difícil a veces contra nuestra voluntad.

Aunque finjamos que sí, que somos tolerantes y autoparódicos, a menudo no lo somos. Por eso, cuando Ferran Adrià aceptó entrar en el juego de sorprenderme, de venir a Madrid en plena pandemia para entrar al trapo, me demostró (otra vez) su grandeza. Sabía que yo le parodiaba y no le importó. «Mira lo cabreado que estoy», decía sonriendo. Y yo, como cómico un poco cobarde que soy, me quedé en paz.

Los cómicos nos desatamos trabajando pero nos cortamos ante los parodiados. Es así. De lo contrario estaríamos locos, rayando la psicopatía.

Adrià puso todas las piezas en su sitio. Restableció el orden, justificó la comedia, me dió paz y alas. Por eso es uno de los más grandes que he conocido. «¿Shalha o shopa?»

Ferran Adrià y Andreu Buenafuente

El ministro

Jueves, 15 de octubre de 2020

Viene el ministro de Sanidad, dice que va a cerrar el plató y que presenta él. Lo hace. Luego vuelve a salir y canta por Héroes del Silencio. Eso solo puede pasar en ‘Late Motiv’. Eso solo puede hacerlo Raúl Pérez. Diría que está en su mejor momento pero luego se ríen de mi. (Aunque, por suerte, hace 30 años que eso sucede)

Andreu Buenafuente y Salvador Illa

El gigante surrealista

Viernes, 31 de enero de 2020

Raúl Cimas se va haciendo más grande a medida que pasan los días y los programas. Aumenta su surrealismo, su mundo interior en el que vive toda una familia inventada (o no), la ciudad de Albacete y el resto del mundo, Cuerda, el buen cine, los clubs de comedia, la noche, la tarde, el campo y un curioso y genuino sentido común de cómico irrepetible.

Por eso aumenta su tamaño. El real y el figurado (que es mejor). Por eso todo el mundo dice que está en su mejor momento. Por eso, cuando él viene, yo siento que no trabajo y me convierto en su espectador más privilegiado. ¿Hasta dónde llegará?

Raúl Cimas
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