"Hay que respetar a los veteranos, hay que respetar a los veteranos..." No dejo de repetírmelo nunca. Como un mantra. Quizás sea porque voy camino de esa veteranía. La verdad es que siempre he pensado así. Y el tiempo me da la razón.
He disfrutado de lo lindo con el nuevo libro de Romeu por su verdad, su sensibilidad y su honestidad. Un dibujante, dibujando y explicando su vida. Romeu es un veterano que empezó con las revistas satíricas cuando eso era algo muy jodido de sacar adelante. La sombra alargada del franquismo lo enfangaba todo. Pero se rodeó de gente como él (unos locos entrañables) y se metió en mil líos. Contemporáneo de Perich, de Vázquez Montalban, unos genios... Ha sido guionista de televisión, escritor, ha publicado "Miguelito" durante treinta y tres años en EL PAIS, que se dice pronto. Y no solo eso: le han perseguido las enfermedades y los quirófanos y lo ha superado todo. ¿Cómo? Pues porque ha cabalgado a lomos de la ironía que es como un sedante o una vacuna y ahora ha decidido contarlo todo.
Es un tipo de libro que suele publicarse en Estados Unidos o en Francia por eso tiene mérito hacerlo en este país donde la memoria es tan frágil y los veteranos se diría que no cuentan. Mentira. Todos venimos de ellos y respetarlos es una obligación y un placer. Y mi enhorabuena a la editorial ASTIBERRI.
Después de cientos, miles de artículos... Después de millones de tertúlias radiofónicas y televisivas... Después de todo eso y más, tenía que ser Aleix Saló el que lo explicara desde el humor. Aunque a veces, a pesar de utilizar el cómic, se te va helando la sonrisa y te entra una mala leche...
Navegar por la red, a veces tiene premio. Esta es la historia de un librero, un hombre que compra libros de segunda mano cada día. Hasta ahí, todo normal.
Lo bueno, lo diferente, es que se ha dedicado a recopilar y mostrar, todos los marcapáginas que encuentra dentro de los libros. Fotos, dibujos, billetes, postales, lo que sea. Es un inofensivo asalto a la intimidad de los antiguos lectores, a sus mundos, sus recuerdos olvidados. Marcas que ya no marcan.
Cuando ves a gente muy "rara" ejerciendo de padres, se te pasan todos los temores. Esos típicos "temores" masculinos que te asaltan cuando se supone que debes tener hijos. Ese "no podré" o "no voy a saber cómo criarlo...".
Si dependiera de los tíos, la especie humana se hubiera extinguido hace millones de años. Menos mal que la naturaleza es práctica y dijo: "¿sabes qué? esto lo van a llevar las mujeres". Gran decisión. Bueno, el caso es que alguna gente rara o diferente o chiflada directamente, han publicado un libro genial titulado "Padre, el último mono".
Oriol Jara (guionista), Roger Rubio (también guionista), Rafel Barceló (otro guionista) y Berto Romero... ¿cómo defino a Berto? son tipos brillantes que escriben muy bien lo que piensan y viven. Y lo que viven ahora es su papel como cabezas de familia. ¡Alucino! También me alegro por ellos porque son buena gente aunque no puedan mantener una conversación más larga de cinco minutos. La cabeza les va a mil por hora y empiezan a dispersarse.
Ya podéis comprar el libro, no os defraudará. Le pedí a Berto que me enviara por mail una foto que para él simbolizara eso tan difícil de ser padre. Me mandó la que adjunto. ¿Veis como os decía que son raros? Enhorabuena por el libro chicos.
El periodista Pau Arenós es el mejor explicando la cocina, sus gentes, sus platos, sus tendencias, su pasado, su futuro, su todo. Decir que uno es el mejor en lo suyo parece fácil, pero lo que tiene es mucho mérito.
Conozco a Arenós desde hace mucho tiempo. Fue el primero en entrevistarme cuando hacíamos EL TERRAT en Radio Barcelona, tomándonos en serio. Con respeto, cachondeo y escuchando. Porque, aunque no lo parezca, Arenós escucha y luego habla bastante (todo interesante), pregunta y lo remata escribiéndolo con una sensibilidad exquisita rozando la poesía.
Una vez escribió una novela y me pregunto qué me había parecido. "Demasiado buena" le dije. Escribe tan bien que aquella novela era como tres, todo caldo, todo sustancia.
Cuando Arenós habla, los chefs españoles (posiblemente los mejores del mundo) callan. Lo he visto con mis propios ojos. Y no dogmatiza. Solo documenta, explica, razona y compara, porque tiene tantos platos en la cabeza que yo no se cómo puede hacer la digestión.
El tío es listo, tiene retranca, muchos kilómetros, muchas servilletas anudadas al cuello y es de Castellón. Es un amigo que no pide favores. Un vitalista disfrazado de crítico. La cara lo delata.
Créanme: compren este libro sobre el fenómeno de los fogones en nuestro país y no compren ninguno más. Ya está. (Que conste que la última comida con Pau la pagué yo).